Hic solanum lycopersicum est
Publicado el 23/1/2010 por Antonio España – libertad | 5 comentarios »agricultura, economía, precio, tomate
Cada cierto tiempo, y de forma periódica suele aparecer en los medios el tema de la diferencia entre el precio que pagamos los consumidores por los productos agrícolas -por alguna extraña razón, suele utilizarse siempre el tomate como ejemplo- y el precio que cobra el agricultor por los mismos. Como por ejemplo, el interesante reportaje del miércoles pasado “Aquí hay mucho tomate” de Comando Actualidad en TVE1.
En general todos nos escandalizamos de la tremenda diferencia entre ambos ya que, según datos del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, en el periodo de 2004 a 2009 el precio en destino -frutería, súper, etc.- ha sido entre el doble y ocho veces superior al precio en origen -en la huerta, el almacén de la cooperativa o la alhóndiga. Es decir, que mientras el kg de tomate, por ejemplo se pagó en 2009 a una media de 2€ el kg en la tienda de la esquina, el hortelano no sacó más de medio euro.
Como no me gusta hablar a la ligera y, soy de naturaleza escéptico con las noticias que aparecen en prensa, he buscado alguna fuente algo más precisa que un reportero de la primera cadena hablando con un puñado de representantes de las diferentes etapas de la cadena. Y he encontrado las estadísticas gubernamentales de las que he sacado el dato anterior. También he podido comparar la evolución de los precios, tanto en origen y destino como en los mercados mayoristas tipo Mercamadrid, Mercamálaga, etc. (y que es lo que va justo antes de la tienda). El resultado es la siguiente gráfica:
Aparte de los picos estivales -que coinciden con la época de los gazpachos y las ensaladas fresquitas-, se aprecia la diferencia de precios mencionada y, además, que la volatilidad de los precios en la venta al detall es bastante menor que aguas arriba en la cadena de valor. Así, mientras la desviación estándar -función estadística que mide la dispersión de los datos- es un 37% y un 30% de la media en origen y en venta al por mayor respectivamente, en el comercio es sólo un 14%. Esta diferencia tiene su explicación en el número de agentes interviniendo en el mercado -a mayor número de agentes, menor es la volatilidad. Por otro lado, podemos ver también cómo los precios se han mantenido relativamente estables -aunque se aprecia la bajada en el 2009 debido a la contracción de la demanda por la crisis.
Aunque lo que más nos interesa ahora mismo es la diferencia de precios, porque precisamente debido a esto se escuchan todo tipo de llantos y lamentos, de gente del campo y urbanitas, a quienes les parece una tremenda injusticia. A fin de cuentas, el agricultor es el que se levanta a las 5 de la mañana a arar el terreno, sembrar y recoger el fruto, mientras que el tendero y los intermediarios no hacen sino aprovecharse de su duro trabajo… ¿pero es esto realmente así?
Yo creo que no, y por un motivo fundamental: que no estamos comparando los precios del mismo producto. ¿¡Cómo!? Dirá el sufrido lector… a ver un tomate es un tomate, en la huerta o en la frutería del barrio… ¿cómo es posible que digas que son productos diferentes? Pues sí, querido lector, lo digo y lo mantengo. El error es bastante común, y se debe a una concepción objetivista de la economía, cuando la economía es fundamentalmente subjetiva.
Efectivamente, el tomate objetivamente es el mismo en un sitio que otro, más o menos sucio, más o menos maduro, con más o menos golpes, la verdad es que la estructura molecular es la misma, sus propiedades organolépticas de sabor, color, olor, textura, grado de dureza o blandura, etc. son aproximadamente también idénticas. ¿Entonces? Pues que el producto es algo más que eso. Un producto no lo definen sus propiedades físicas -ni una ficha elaborada por ningún Product Manager-, un producto lo define y diferencia de otro, las consideraciones subjetivas del consumidor.
Es decir, soy yo, el consumidor, el que decido en un momento dado si un huevo frito con patatas en mi casa es o no el mismo producto que unos huevos estrellados en Casa Lucio de Madrid, o que una lata de Coca Cola es o no el mismo producto que un botellín de agua. Claro, nadie se sorprende de que un poco de agua, azúcar y unos extractos cuyo coste es irrisorio, se paguen unas cuantas veces más caros una vez convertidos en Coca Cola. Seguramente porque es evidente que hay un proceso de producción que, de alguna manera, le “añade valor” al producto. Pero el tomate, ¡ah! amigo, el tomate es diferente. Ahí no hay proceso que valga. ¿Seguro? Veremos cómo no existe tal diferencia.
Generalmente, se tiende a explicar la diferencia de precios recurriendo a la cadena valor, partiendo del origen hasta llegar al consumidor. Es decir, nos vamos al invernadero en Almería, preguntamos por el precio del tomate al agricultor, que nos lo dice entre sollozos -nos estamos cargando el campo, así no se puede vivir y todo eso- y a partir de ahí le vamos sumando costes de transporte, envasados varios, comisiones de intermediación, etc. Evidentemente, en cada paso de la cadena, se continúan oyendo las lamentaciones, cargando todos contra el siguiente, que es el que se está forrando a su costa. Hasta llegar al sufrido consumidor que, evidentemente, también se queja de cómo está el tomate de caro. Este es el camino que hace el periodista de Comando Actualidad, que en un alarde de reporterismo hace el mismo recorrido que nuestro rojo protagonista en el interesante programa.
El problema está en que sigue el camino equivocado, al igual que lo hacen todos los estudios y análisis que se suelen ver por ahí -alguno de ellos, bastante interesante, se puede consultar en la propia web del Ministerio, pagado con dinero de todos. Esto se debe al error muy extendido de considerar que los precios dependen de los costes. Claro, si esto fuera así en realidad, este sería el recorrido correcto, según el cuál llegaríamos a resultados coherentes. Pero ¿qué ocurre? Que la realidad no es así sino al contrario y entonces, el camino seguido nos lleva a un callejón si salida. Y como no entendemos que ocurre, terminamos diciendo que es injusto o irracional (¡quién no va a decir que es irracional que el precio de la misma “cosa” se multiplique por ocho!).
Pero como decía, es justamente al contrario: son los precios, los que realmente determinan los costes. No tengo espacio aquí para explicar por qué es así. Esta cuestión la dejo para los comentarios o para otro post si hay alguien interesado en que cuente por qué. De momento baste decir que es por culpa del error teórico de pensar que los costes fijan el precio, que hacemos el camino en sentido equivocado y, por lo tanto nos perdemos y no somos capaces de explicar las diferencias.
¿Qué ocurre si aplicamos la teoría correcta y partimos del precio final, del tomate en la frutería, justo antes de ser comprado por el consumidor? En este caso, habría que explicar también cómo se genera el precio final del tomate que, insisto, se determina aquí y no en las etapas previas. Como tengo las mismas limitaciones de espacio que en el párrafo anterior, he de conformarme con decir que éste es el resultado de las dobles valoraciones subjetivas del tomate y del dinero, tanto por el consumidor como por el frutero. Y de ahí hacia atrás entre el frutero y el mayorista -el frutero hará su valoración en función de cómo él piensa que pueda vender la mercancía, que dependerá de su previsión de la demanda-, entre el mayorista y el corredor, el corredor y la cooperativa, hasta llegar hasta el agricultor.
Pero volvamos al inicio verdadero de la secuencia lógica. Como consumidores, en la valoración subjetiva comentada, evaluamos el “producto tomate” (y también las cosas que renunciamos a comprar con el dinero que nos gastamos en la hortaliza). Y aquí está precisamente el quid de la cuestión. En el entrecomillado “producto tomate”.
Porque, ¿se parecen en algo los siguientes productos?
(A). Tomates vendidos en lotes de 1.500 kilos, empaquetados en cajas de varios kg cada una y apilados en palets, se recogen en la huerta a 300km de mi casa y, generalmente, sólo puedo comprar allí tomates (eso sí, a cascoporro).
(B). Tomates vendidos por unidades si lo deseo, por fracciones de kilo o por un número pequeño de kg -si los compro para hacer gazpacho-, a granel (como se vende el 90% de los tomates) o en bandejitas, a 100-200 metros de mi casa (a lo sumo 1-2km) y donde aparte de comprar los tomates, puedo comprar lechuga, cebolla, chuletas, una docena de huevos, el Fairy y bombillas incadescentes de respuesto -para hacerle la puñeta al Ministro de Energía. Y si quiero, hasta tomarme un café y una tostada.
Pues bien, estoy en casa y me planteo preparar un gazpacho, ¿en qué producto estoy pensando, en el A o en el B? ¿A que no es lo mismo?
Y si no son el mismo producto, ¿por qué comparamos los precios? Ya se ve que no tiene ningún sentido.
¿Por qué el agricultor no ofrece el producto B en vez del producto A si resulta que es un negocio tan lucrativo? ¿Se lo impide alguien? ¿Por qué no compramos el producto A para hacer el gazpacho si resulta que es tan barato? ¿Quién me lo impide -aparte de que con 1.500 kg de tomates me puedo hasta duchar con gazpacho?
Nota: Como no podía ser de otra manera, el título en latín significa “Aquí hay tomate”. Evidentemente, en época de los romanos aún no se conocía el tomate, dado que éste lo trajimos los españoles de América. Aquí he utilizado el nombre científico del tomate silvestre. No obstante, por lo que he podido ver, aún hay debate sobre dónde ubicar al tomate, por lo que es posible encontrar alternativas.
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Pro beneficio maleficium accipere
Publicado el 9/1/2010 por Antonio España – libertad | 1 comentario »capitalismo, economía, mercado, progreso, R. W. Grant
Trasteando con el juguetito que me han traído SS.MM. estaba maravillándome de lo que es capaz de conseguir la capacidad inventiva del ser humano -debe ser que me hago mayor que ya empiezo a maravillarme de estas cosas. De ahí he pasado a reflexionar sobre el hecho de que eso es así gracias al régimen de libertad y el respeto a la propiedad privada, que impulsan la creatividad empresarial de las personas. Y es esta libertad, y no ningún gobierno, la que nos ha hecho progresar como sociedad.
Y he querido utilizar la palabra progreso conscientemente, a pesar de que es una entre tantas palabras que, de tanto manosearla se ha desvirtuado -más bien vaciado- su significado. En todo caso, en mi opinión, insisto que es la libertad y el respeto a la propiedad privada, o lo que es lo mismo, el sistema de libre mercado o capitalismo, lo que ha permitido el progreso de la civilización. Cuando no lo ha habido -o allí donde no lo hay- las sociedades se estancan o retroceden, dado que la tanto la falta de libertad -entendida como ausencia de coacción- como la imposibilidad de que los individuos aprovechen el fruto de su actividad creadora, bloquean la función empresarial. Y sin función empresarial no hay innovación, y sin innovación no hay progreso. Por mucho que el gobierno de turno promulgue una que ley diga que hay que innovar y nos obligue a los ciudadanos a financiar los proyectos que los burócratas decidan (es decir, den subvenciones con nuestros impuestos).
Pero aún hay quien piensa que esto no es progreso. Y que nuestra sociedad capitalista animal, ultra-neo-maxi-hiper-archi-liberal no hace sino agrandar las diferencias entre ricos y pobres. Sobre este mito algún día escribiré algo, pero centrándonos en el progreso, como aumento general de la riqueza, nadie puede negar que en su conjunto el ser humano disfruta hoy de un mayor nivel de vida que antaño.
Como simple anécdota que puede ilustrar este progreso material, podemos pensar por ejemplo en el iPod con el que empezaba el post, ya que hoy en día y a las horas a las que algunos continuamos en las oficinas no es raro coincidir con la señora de la limpieza con su MP3 y sus cascos puestos escuchando su música favorita -profesión digna donde las haya pero poco remunerada. Pues bien, no olvidemos ni pasemos por alto que ni siquiera el mismísimo Rey Sol, Luis XIV, con todo su poder absoluto -y su “L’État, c’est moi“, apócrifo o no- hubiera podido disfrutar de un repertorio musical tan amplio y allí donde quisiera -no me lo imagino haciendo footing por los jardines de Versalles con toda la orquesta de cámara siguiéndole detrás tocando el violín mientras le siguen el ritmo a trote ligero.
Y es que, como en el poema de R. W. Grant, “Tom Smith y la increíble máquina de hacer pan“, parece que damos por sentado lo que tenemos y no nos paramos a reflexionar sobre gracias a qué lo tenemos. En este sentido, pensaba con la historia del iPod en todos los bloggers, twitters, gurús del social media, etc. que la tienen tomada con el capitalismo pero, eso sí, utilizan para ello su iPhone, Blackberry, móvil con Android o el Nexus One, todos ellos inventos capitalistas y de los que disfrutan gracias precisamente al proceso de mercado. Aún así, arremeten contra él como si fuera el verdadero pecado original de la especie humana -y no el de arrogancia (Otro ejemplo parecido de tirarse piedras contra el propio tejado con tal de criticar la libertad está en el consumismo navideño sobre el que escribía hace un par de años y que este, lamentablemente no ha sido noticia por las causas por todos conocidas).
Tom Smith y la increíble máquina de hacer pan
R.W. Grant
(Fragmento de la traducción española publicada por Unión Editorial en Lecturas de economía política, vol.1, Jesús Huerta de Soto)Esta peregrina historia
Trata del buen Tom Smith,
Que le quitó el hambre al mundo
Y pasó de héroe a vil.
(…)
La máquina que ha inventado
No es de poco más o menos:
Hace pan casi de balde,
En rebanadas y envuelto.
(…)
Al fin come el mundo entero
Gracias a Smith y su ciencia.
(…)
De Tom, héroe de hoy,
Nadie se acuerda mañana.El tiempo vuela; y Smith,
Aunque se ha hecho millonario,
No es ya nadie para quienes
Comen su pan a diario.“¿De Dónde viene ese pan?”
Le preguntáis a la gente;
Y ellos comen y se extrañan:
“!Ah!, ¿pero no lo hubo siempre?”
(…)
A partir de aquella fechaEn que, al subir los impuestos,
Y aun sin irse de la mano,
Tuvo que subir el pan.
¡Ahora cuesta ya un centavo!“¿Qué pasa?”, clama la gente.
“¿Qué pretende el muy infame?
¿Quiere apilar más millones
A costa de nuestra hambre?”
(…)
Como el pueblo es lo primero,
Nadie podrá discutir
Que en asuntos de esta clase
A él toca decidir.Intervienen presurosos
Los agentes del gobierno,
(…)
Ahora el pan lo hace el gobierno,
Y –no es preciso decirlo-
Todo está bien controlado
Y el público protegido.Claro que el pan sale a dólar.
Pero el Estado lo vende
A medio centavo. (El resto
Lo paga el contribuyente).
Reproduzco a continuación el poema completo en versión original -es decir, en inglés- según está publicado en la página del Mises Institute con licencia CC-BY. La traducción completa se puede consultar aquí.
Tom Smith and His Incredible Bread Machine
R. W. GrantThis is a legend of success and plunder
And a man, Tom Smith, who squelched world
hunger.
Now, Smith, an inventor, had specialized
In toys. So, people were surprised
When they found that he instead
Of making toys, was BAKING BREAD!The way to make bread he’d conceived
Cost less than people could believe.
And not just make it! This device
Could, in addition, wrap and slice!
The price per loaf, one loaf or many:
The miniscule sum of under a penny.Can you imagine what this meant?
Can you comprehend the consequent?
The first time yet the world well fed!
And all because of Tom Smith’s bread.A citation from the President
For Smith’s amazing bread.
This and other honors too
Were heaped upon his head.But isn’t it a wondrous thing
How quickly fame is flown?
Smith, the hero of today
Tomorrow, scarcely known.Yes, the fickle years passed by;
Smith was a millionaire,
But Smith himself was now forgot
Though bread was everywhere.People, asked from where it came,
Would very seldom know.
They would simply eat and ask,
“Was not it always so?”However, Smith cared not a bit,
For millions ate his bread,
And “Everything is fine,” thought he,
“I am rich and they are fed!”Everything was fine, he thought?
He reckoned not with fate.
Note the sequence of events
Starting on the date
On which the business tax went up.
Then, to a slight extent,
The price on every loaf rose too:
Up to one full cent!“What’s going on?” the public cried,
“He’s guilty of pure plunder.
He has no right to get so rich
On other people’s hunger!”(A prize cartoon depicted Smith
With fat and drooping jowls
Snatching bread from hungry babes
Indifferent to their howls!)Well, since the Public does conle first,
It could not be denied
That in matters such as this,
The Public must decide.So, antitrust now took a hand.
Of course, it was appalled
At what it found was going on.
The “bread trust,” it was called.Now this was getting serious.
So Smith felt that he must
Have a friendly interview
With the men in antitrust.
So, hat in hand, he went to them.
They’d surely been misled;
No rule of law had he defied.
But then their lawyer said:The rule of law, in complex times,
Has proved itself deficient.
We much prefer the rule of men!
It’s vastly more efficient.
Now, let me state the present rules.The lawyer then went on,
These very simpIe guidelines
You can rely upon:
You’re gouging on your prices if
You charge more than the rest.
But it’s unfair competition
If you think you can charge less.A second point that we would make
To help avoid confusion:
Don’t try to charge the same amount:
That would be collusion!
You must compete. But not too much,
For if you do, you see,
Then the market would be yours
And that’s monopoly!”Price too high? Or price too low?
Now, which charge did they make?
Well, they weren’t loath to charging both
With Public Good at stake!In fact, they went one better
They charged “monopoly!”
No muss, no fuss, oh woe is us,
Egad, they charged all three!“Five years in jail,” the judge then said.
“You’re lucky it’s not worse.
Robber Barons must be taught
Society Comes First!”Now, bread is baked by government.
And as might be expected,
Everything is well controlled;
The public well protected.True, loaves cost a dollar each.
But our leaders do their best.
The selling price is half a cent.
(Taxes pay the rest!)
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MMX
Publicado el 1/1/2010 por Antonio España – blog | No hay comentarios aún »Año Nuevo, Navidad, personal
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un feliz año y que el 2010 haga justicia a su número y sea un año 10 para todos vosotros !!!
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