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	<title>Antonio España &#187; libertad</title>
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	<description>blog &#124; opinión &#124; libertad &#124; personas &#124;</description>
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		<title>Chirographis pecuniarium - Conferencia de Jesús Huerta de Soto en la Fundación Rafael del Pino (19/4/12): “Crisis financiera, reforma bancaria y el futuro del capitalismo”</title>
		<link>http://antonioespana.es/2012/04/conferencia-huerta-de-soto-crisis-reforma-financiera-capitalismo.html</link>
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		<pubDate>Thu, 26 Apr 2012 14:56:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
				<category><![CDATA[libertad]]></category>
		<category><![CDATA[crisis]]></category>
		<category><![CDATA[economía]]></category>
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		<category><![CDATA[teoría austriaca del ciclo económico]]></category>

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		<description><![CDATA[Update and note for English-speaking visitors: For an English version of Jesús Huerta de Soto lecture, please follow this link to watch a video of a similar lecture given in the London School of Economics. Dejo a continuación el vídeo completo (incluye preguntas y respuestas al final de la sesión) de la conferencia que impartió [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Update and note for English-speaking visitors: </strong><em>For an English version of Jesús Huerta de Soto lecture, please follow <a href="http://www.cobdencentre.org/2010/11/video-of-huerta-de-sotos-hayek-lecture/">this link </a>to watch a video of a similar lecture given in the London School of Economics.</em></p>
<p><span class="dropcaps">D</span>ejo a continuación el vídeo completo (incluye preguntas y respuestas al final de la sesión) de la conferencia que impartió el profesor <a href="http://antonioespana.es/tag/jesus-huerta-de-soto">Jesús Huerta de Soto</a> el pasado jueves 19 de abril en la <a href="http://www.frdelpino.es/crisis-financiera-reforma-bancaria-futuro-capitalism/">Fundación Rafael del Pino </a>con el título: <strong>“Crisis financiera, reforma bancaria y el futuro del capitalismo”.</strong> La verdad es que lo suyo sería que hiciera aquí un resumen de la misma, pero aparte de que no encuentro tiempo para ello (ni tomé notas, debo confesar, pues tan atento estuve a la conferencia), creo que más que conformarse con la síntesis incompleta e imperfecta que yo pueda hacer, merece la pena verla y escucharla entera. Por eso tampoco pondré ningún enlace a la transcripción de la misma (si hay alguien interesado, que me deje un comentario y se la envío por mail).</p>
<p>La conferencia es una clase magistral acerca de la <a href="http://antonioespana.es/tag/tace"><strong>Teoría Austriaca del Ciclo Económico</strong> </a>e ilustra los motivos de por qué nos encontramos como nos encontramos y qué posible salidas hay. Eso sí, aviso a keynesianos, <em>krugmanitas</em> e incluso liberales monetaristas <em>a la</em> Chicago Boys, que puede herir su sensibilidad&#8230;</p>
<p>Por supuesto, estáis invitados a compartir en los comentarios qué os ha parecido.</p>
<p> <br />
<iframe src="http://www.youtube.com/embed/X1fR3ZhFDkQ?rel=0" frameborder="0" width="420" height="315"></iframe></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span class="footnote"><strong>Nota sobre el título:</strong> Si has visto el vídeo, sabrás de dónde viene <img src='http://antonioespana.es/wordpress/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' /> </span>
<ul>Si te ha gustado, a lo mejor te puede interesar:
<li><a href="http://antonioespana.es/2009/12/teoria_ciclo_austriaco.html" rel="bookmark" title="23/12/2009">De monetae mutatione</a> &#8211; Explicación de los ciclos económicos como expansión crediticia. <em>Etiquetas: ciclos, economía, Jesús Huerta de Soto, Ludwig von Mises, petroleo, TACE, teoría austriaca del ciclo económico</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2006/11/requiescat-in-pace-milton-friedman.html" rel="bookmark" title="16/11/2006">Requiescat in pace (Milton Friedman)</a> &#8211; . <em>Etiquetas: economía, libros, Milton Friedman</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2010/01/diferencia_precio_tomate.html" rel="bookmark" title="23/1/2010">Hic solanum lycopersicum est</a> &#8211; Explicación de la diferencia en el precio del tomate de la huerta a la frutería. Desmontando el mito de los reportajes de la TV. <em>Etiquetas: agricultura, economía, precio, tomate</em></li>
</ul>
<p><!-- Similar Posts took 29.431 ms --></p>
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		</item>
		<item>
		<title>Controversiae et suasoriae - Respuesta (amistosa) al post publicado por José Ángel Mena en su blog a raíz del debate suscitado en twitter tras la publicación del artículo &quot;¿Se puede reducir deuda y crear empleo (sin subir impuestos)?&quot; en El Confidencial</title>
		<link>http://antonioespana.es/2012/02/respuesta-jose-angel-mena.html</link>
		<comments>http://antonioespana.es/2012/02/respuesta-jose-angel-mena.html#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 12 Feb 2012 13:31:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
				<category><![CDATA[libertad]]></category>
		<category><![CDATA[mito de la desregulación]]></category>
		<category><![CDATA[teoría e historia]]></category>
		<category><![CDATA[utopía liberal]]></category>

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		<description><![CDATA[El pasado 11 de enero, y a raíz de un artículo mío en El Confidencial sobre la falsa disyuntiva entre austeridad y crecimiento tan del gusto de keynesianos e intervencionistas de todos los partidos, el escéptico José Ángel Mena y yo tuvimos un interesante debate en twitter que tuvo su prolongación en su blog, GestionarPatrimonios.com. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2012/02/responder.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1252" title="responder" src="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2012/02/responder.jpg" alt="" width="238" height="212" /></a><span class="dropcaps">E</span>l pasado 11 de enero, y a raíz de <a href="http://www.elconfidencial.com/opinion/monetae-mutatione/2012/01/10/se-puede-reducir-deuda-y-crear-empleo-sin-subir-impuestos-8537/">un artículo mío en El Confidencial sobre la falsa disyuntiva entre austeridad y crecimiento</a> tan del gusto de keynesianos e intervencionistas de todos los partidos, el <em>escéptico</em> José Ángel Mena y yo tuvimos un interesante debate en twitter que <a href="http://gestionarpatrimonios.com/reflexiones-lanzadas-a-un-erudito-de-la-escuela-economica-austriaca-antonio-espana/">tuvo su prolongación en su blog, GestionarPatrimonios.com</a>.</p>
<p>José Ángel me lanzaba unas reflexiones en un post con suficiente contenido para merecer una respuesta detallada a cada uno de sus puntos, algo que lamentablemente no he podido hacer hasta ahora por falta de tiempo —que no por falta de interés.</p>
<p>Antes que nada, he de decir que estoy en absoluto desacuerdo con el título, pues en él me tilda de &#8220;erudito de la Escuela Austriaca&#8221;. Es algo que se lo agradezco muchísimo, pero me parece exagerado pues no paso de aprendiz&#8230;</p>
<p><span style="color: #993300;"><strong><em>El mito de la desregulación financiera</em></strong></span></p>
<p>Lo primero que a José Ángel le llama la atención —y no sólo a él, sino a la mayoría de la gente— es que sostenga que el mercado financiero está sobrerregulado, cuando desde que estalló la crisis desde todos los medios posibles <strong>se nos ha insistido machaconamente que la culpa de ésta es precisamente de la desregulación de la banca</strong>. Hay que decir que la propaganda ha funcionado —lo cual, por cierto, tendría que haber puesto sobreaviso a un escéptico recalcitrante <img src='http://antonioespana.es/wordpress/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' /> .</p>
<p>En todo caso, creo que hay un matiz importante y que suele pasarse por alto: <strong>no es lo mismo cantidad que calidad</strong>. Con frecuencia parece que cuando los (aprendices de) liberales sostenemos que no es cierto que la banca no esté regulada, en seguida nuestros interlocutores dan el salto cualitativo para atribuirnos la posición de pensar que está adecuadamente regulada. Lo cual es un salto al vacío porque no puede alejarse más de la realidad. <strong>El sector monetario y financiero no sólo está regulado en demasía (cuantitativamente) sino que está mal regulado (cualitativamente), con un exceso de intervencionismo</strong> que, paradójicamente —o no tanto— crea oportunidades para que una pequeña minoría se aproveche de los demás.</p>
<p>José Ángel, con quien coincido en bastantes asuntos, en esto creo que cae presa del mismo error. Así, pasa de afirmar que</p>
<blockquote><p>Una de los asertos de Antonio España que más sobresaltó mi predisposición escéptica fue “la actividad de las entidades financieras está sobreregulada”.</p></blockquote>
<p>Lo cual es correcto, a pedir que</p>
<blockquote><p>Dejemos a un lado el tópico de que el sector financiero está adecuadamente regulado</p></blockquote>
<p>Y, claro, aquí ya no puedo estar de acuerdo. Porque no es un tópico que el sector financiero está adecuadamente regulado, y mucho menos, que yo piense que sea así.</p>
<p>Creo, en todo caso, que mi posición requiere una explicación: ¿por qué digo que el sector financiero está regulado en exceso? ¿Acaso no es verdad, como dice José Ángel, que banqueros de todo el mundo, especialmente los de <em>Wall Street</em> y la <em>City</em>, pero también los financieros patrios —privados y públicos—, han hecho su agosto y campado a sus anchas por los <em>malditos</em> mercados?</p>
<p>Bien, me explico pues. No creo que nadie pueda dudar que <strong>si hay un sector regulado e intervenido es precisamente el monetario y financiero</strong>. Podríamos mirar cuántas páginas ocupa toda la legislación y normativa bancaria (nacional, europea e internacional) y estoy convencido que puesta junto a la de cualquier otro sector multiplicaría en varios enteros la cifra resultante. Sin ánimo de ser exahustivo, aquí va un pequeña relación de muestra:</p>
<ul>
<li>Monopolio estatal sobre la emisión de moneda y billetes</li>
<li>Planificación estatal centralizada (con el banco central como órgano planificador)</li>
<li>Intervención de los precios (tipos de interés, también llamados tipos de intervención)</li>
<li>Fijación de la oferta de dinero (impresión de billetes, operaciones en mercado abierto, ventanilla de descuento, establecimiento del coeficiente de caja, etc.)</li>
<li>Control de acceso al mercado (fichas bancarias, autorizaciones administrativas, etc.)</li>
<li>Establecimiento de criterios contables (valoración de activos, criterios de <em>core capital</em>, obligatoriedad de realizar provisiones, etc.)</li>
<li>Actuación como prestamista de última instancia para los bancos (privilegio frente al resto de los mortales)</li>
</ul>
<p>Por no hablar de la i<strong>mportante presencia de bancos públicos o semipúblicos</strong>, como el caso de las cajas de ahorro españolas o las entidades americanas <em>Freddie Mac</em> y <em>Fanny Mae,</em> por poner ejemplos de sobra conocidos por todos. Y sin olvidar toda <strong>la panoplia de organismos internacionales reguladores y supervisores plagados de burócratas</strong> (IMF, WB, BIS, Basilea, &#8230;).</p>
<p>Así pues, y parafraseando a José Ángel: <strong>¿DESREGULACIÓN?</strong> ¿Se puede afirmar que el sector financiero está desregulado cuando se mantiene el privilegio estatal de la reserva fraccionaria, cuando la maraña legal crea oportunidades de arbitraje entre legislaciones (los mal llamados paraísos fiscales), generando carreras por expandir más y más el crédito, dando lugar a las innovaciones para esquivar los requisitos de Basilea y generando incentivos para sacar del balance lo necesario para seguir creando dinero de la nada para disfrute de políticos y beneficio de sus aliados los banqueros, dando lugar a las prácticas recurrentes de contabilidad creativa, y todo en connivencia con el regulador?</p>
<p>Ahora soy yo el que digo: <strong>Dejemos a un lado el tópico de que el sector financiero está desregulado. Está hiperregulado e hipermal regulado</strong> <img src='http://antonioespana.es/wordpress/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' /> .</p>
<p><span style="color: #993300;"><strong><em>La errónea teoría económica de los monetaristas de Chicago (y de los neoclásicos en general)</em></strong></span></p>
<p>Últimamente escucho mucho esto de que no hay que ser dogmático, que no hay que creerse en posesión de la verdad, etc. A mi todo eso me parece muy bien,<strong> hay que ser intelectualmente humildes y reconocer que la búsqueda de la verdad es una búsqueda constante</strong> y que probablemente nunca acabará. Pero de ahí a saltar a una especie de relativismo científico, según el cual no se pueden rechazar ninguna teoría, por descabellada que parezca, me parece que no ha lugar.</p>
<p>Una de las principales controversias que separó la Escuela Austriaca del <em>mainstream</em> es precisamente de índole epistemológica y se centraba en <strong>la discusión sobre el método científico apropiado para el desarrollo de las ciencias sociales</strong> —de las que la economía es una rama —la <em>Methodenstreit</em> del s.XIX. En esta discusión sobre el método, cuya primera aportación seminal se atribuye a Menger, nace la <strong>separación de la escuela austriaca del tronco neoclásico</strong>, del cual nacen tanto las visiones <em>mainstream</em> liberal-monetaristas como socialista-keynesiana.</p>
<p>Pues bien, <strong>la teoría económica austriaca se construye mediante el razonamiento <em>a priori</em></strong>, aplicando la lógica deductiva a axiomas que cada vez son más complejos. Este esquema de razonamiento requiere mucho más esfuerzo, pero a su vez es tremendamente potente, pues está asentado en una base lógica muy difícil de rebatir. Una vez que se dispone de esta estructura lógica, uno la aplica a los hechos reales y de esa forma interpreta la Historia. Es decir, <strong>primero se hace la Teoría y con ella se comprende la Historia</strong> —Mises <em>dixit</em>.</p>
<p>Como buen escéptico, seguro que José Ángel maneja a Karl Popper —que ha salido en algún post en este blog— y su conocido criterio de la falsación que, de forma muy simplificada, viene a decir que <strong>no se puede demostrar que una teoría sea verdadera, sino que únicamente se puede demostrar cuando ésta sea falsa</strong> —cuando se encuentra una instancia que invalida dicha teoría. Pues bien, <strong>la teoría económica austriaca</strong>, al construirse sobre asertos puramente lógicos y apodícticamente ciertos —algunos dicen que incluso tautológicos— <strong>no está sujeta al principio de la falsabilidad</strong>. Lo que sí puede, por supuesto, es <strong>criticarse la consistencia lógica de cada uno de sus pasos deductivos</strong>.</p>
<p>Por otro lado,  <strong>las escuelas neoclásicas parten de otro método bien distinto, que es el propio de las ciencias naturales</strong>. Se trata de partir de observaciones empíricas a partir de las cuales se derivan de manera inductiva las hipótesis y teoremas con la que construir la teoría económica. Esta aproximación <em>a posteriori</em>, y no os voy a aburrir más, es la que rechazan de plano los teóricos de la Escuela Austriaca de Economía y que plantea serias dificultades a los economistas neoclásicos, dado que en las ciencias económicas no se pueden realizar experimentos aislando los efectos que queremos observar.</p>
<p>¿Por qué cuento todo esto? Pues para explicar por qué considero, sin fanatismo ni ilusión de control alguna, que <strong>los monetaristas</strong> —al igual que otros neoclásicos— están equivocados. Porque están <strong>derivando sus teorías de supuestos falsos</strong>: considerar que los datos para resolver el problema están dados y son conocidos, manejar una concepción mecanicista del ser humano —<em>homo oeconomicus</em>—, emplear agregados estadísticos artificiales a partir de los cuales derivan teorías, etc.</p>
<p>Si en las facultades de economía, aparte de enseñar la teoría neoclásica —que no niego que haya que enseñarla para conocer sus errores— se estudiara, por ejemplo, <em>La acción humana</em> de Mises, seguramente otro gallo nos cantaría.</p>
<p><span style="color: #993300;"><strong><em>La utopía liberal</em></strong></span></p>
<p>Otra recriminación frecuente con la que me suelo encontrar es que me llamen utópico. Claro,<strong> uno es utópico por pensar que el ser humano es capaz de actuar en sociedad libremente</strong>, sin aprovecharse del prójimo y sin que el prójimo se aproveche de él, sin que sea necesaria la tutela de un órgano superior que ponga orden en nuestros instintos animales cainitas. No digo que José Ángel piense esto, pero es a lo que frecuentemente me enfrento cuando discuto con algún amigo socialista —que de esos tengo muchos <img src='http://antonioespana.es/wordpress/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' /> .</p>
<p>Pero el que piensa que <strong>es posible organizar y coordinar la sociedad desde arriba</strong>, el que cree que políticos y burócratas tienen no sólo la capacidad intelectual, sino la <strong>información completa y actualizada en tiempo real para emitir sus mandatos coactivos</strong> para maximizar el bienestar social, el que considera que los gobernantes no están sujetos a las mismas miserias que el hombre común, egoista y caprichoso, sino que <strong>son ángeles asexuados, altruistas y filantrópicos</strong>, carentes de toda ambición personal y, por tanto, sin conflicto de intereses, ese, ese no es utópico. Como dicen en mi tierra: <em>no que va</em>.</p>
<p>Ya sé que <strong>es poco probable que recuperemos la libertad de la noche a la mañana y nos libremos del ogro filantrópico que es el estado</strong>. Pero no porque la libertad nos suma en el caos y nos autodestruyamos en vez de alcanzar cotas inimaginables de prosperidad y riqueza generalizada. Es poco probable porque quienes forman parte de la casta política en la que se encarna el estado, así como sus aliados —empezando por banqueros y demás grupos de interés organizados para exprimir al máximo las fallas fundamentales del sistema democrático— resistirán con uñas y dientes para perpetuar el sistema. Como sostienen los teóricos de la <em>Public Choice</em> —Buchanan, Tullock et al.—, ellos tienen todo el incentivo y la capacidad de organizarse porque son pocos, mientras que el resto de la población se halla indefensa, desorganizada por su multitud, y con escaso incentivo a informarse adecuadamente para tomar decisiones razonadas y no manipuladas cuando llega la hora de votar.</p>
<p>No guste o no, estamos presa de un sistema mucho más opresor de lo que creemos. Porque no nos damos cuenta de que <strong>vendimos nuestra libertad</strong> —y con ella, abandonamos la responsabilidad de cuidar de nosotros mismos— <strong>a cambio de la bicoca del <em>estado del bienestar</em></strong>.</p>
<p>Lo cual no quita para que no continuemos presentando batalla en el campo de las ideas.</p>
<p>Dicho todo esto, no me queda más que agradecer a José Ángel sus amables palabras y su dedo en el ojo. Siempre es un placer estimular la neurona y poner a prueba tus propios razonamientos. O a mí, al menos, me divierte. Como se diría en twitter: #somosfrikies <img src='http://antonioespana.es/wordpress/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' /> </p>
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		<title>Contradictio in terminis - Sobre las paradojas del socialismo/intervencionismo (de todos los partidos)</title>
		<link>http://antonioespana.es/2011/09/paradojas-socialismo.html</link>
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		<pubDate>Sun, 25 Sep 2011 12:03:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El socialismo, entendido no como una opción electoral concreta, sino como una forma de entender al individuo, la sociedad y la economía que es más o menos común a todos los partidos, tiene muchas contradicciones. Una de ellas es la puesta de manifiesto por Ludwig von Mises en su teorema de la imposibilidad del socialismo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2011/09/escher3.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1168" style="margin: 5px;" title="escher3" src="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2011/09/escher3-300x280.jpg" alt="" width="270" height="252" /></a><span class="dropcaps">E</span>l socialismo, entendido no como una opción electoral concreta, sino como una forma de entender al individuo, la sociedad y la economía que es más o menos común a todos los partidos, tiene muchas contradicciones.</p>
<p>Una de ellas es la puesta de manifiesto por Ludwig von Mises en su teorema de la imposibilidad del socialismo tan pronto como en los años 20 del siglo pasado (<em>El socialismo. Análisis económico y sociológico</em>, 1922) y que ha sido actualizada por Jesús Huerta de Soto hace unos pocos años en su <em>Socialismo, cálculo económico y función empresarial</em> (1992). Esta crítica, demoledora por su aplastante lógica, se centra en la información que los agentes económicos utilizan para tomas sus decisiones —cálculo económico— y que, a su vez, generan con su propia actuación —al comprar o no comprar un bien a un determinado precio, estamos generando información que otros individuos utilizarán para decidir si producir más de ese bien, subir o bajar el precio, dedicarse a otro negocio, comprar otro bien distinto, etc.</p>
<p>Al intervenir el estado en la actividad económica intentando planificarla u orientarla en algún sentido, lo que está haciendo es precisamente cortocircuitar el mecanismo que genera la información que necesita para, precisamente, planificar la consecución de sus fines —que pueden ser todo lo bienintencionados que se quiera, eso no lo niego. De aquí se demuestra que no es posible intervenir en la economía y a la vez lograr el objetivo buscado: el estado carece de la información para ello porque se ha cargado la fuente de la misma, que es el libre ejercicio de la función empresarial. Esta es, de forma muy simplificada, y seguramente defectuosa, la explicación de por qué el ideal intervencionista es imposible.</p>
<p>Pero a mi juicio, existe otra contradicción lógica más profunda aún pero que no corresponde al ámbito económico sino, digamos, al moral. El razonamiento que hago es el siguiente:</p>
<p>(1) El progresista piensa que el estado debe intervenir en la sociedad y en las decisiones que tomamos los que la componemos porque el humano es un ser egoísta y poco dado a mirar por el bien de los demás. Si le dejamos a su libre albedrío, tenderá a aprovecharse de sus congéneres, engañándoles para sacar el máximo provecho económico y así medrar a costa del prójimo. Dar libertad sería como dejar que imperase la ley de la selva, el pez grande se come al pequeño, unos ganan lo que otros pierden y todo eso&#8230;</p>
<p>(2) Por ello, el amante del intervencionismo piensa que el estado ha de intervenir para corregir la maldad intrínseca del hombre. Sólo si desde los poderes públicos se controlan, regulan y se pone coto a los desmanes individualistas del ser humano cuando es libre, se podrá construir una sociedad que progrese igualitariamente. Es por eso, que valoran tanto el papel del Robin Hood moderno, que en lugar de hacer un uso virtuoso del arco y la flecha, se trastoca en el mismísimo sheriff de Sherwood para, a golpe de BOE quitárselo al rico para dárselo a los pobres.</p>
<p>(3) Pero claro, el estado no está formado por ángeles asexuados, de bondad infinita y sin un rastro de codicia en su ADN. Antes bien, lo componen políticos y burócratas que son personas de carne y hueso. Seres humanos que no veo porqué deberían estar excluídos de la afirmación que hacíamos en (1). ¿Lo están? ¿Borra el acta de diputado toda esa maldad intrínseca en cuanto se recoge y se sienta uno en su escaño?</p>
<p>(4) Se podría decir que el proceso democrático garantiza que se escogen a los mejores. ¿Seguro? Que se lo digan a los que en las últimas elecciones votaron al partido que hoy está en la oposición o a los que en estas elecciones van a votar a las siglas que hoy gobiernan. A ver si piensan que el proceso democrático elige a los mejores y más preparados —lo de las dos tardes, es sólo un ejemplo.</p>
<p>(5) Y, en todo caso, ¿por qué extraña confluencia de hechos, los seres egoístas y codiciosos que formamos la sociedad justo en el momento de ir a votar nos transformamos en esos seres seráficos y altruístas y votamos lo que pensamos que es mejor para toda la sociedad y no lo que es mejor para nosotros mismos?</p>
<p>Es decir, como el hombre es codicioso, hay que ponerle límites y regular su actividad. Pero los que harán eso serán personas hechas del mismo material genético elegidas por esos mismos congéneres egoístas y abusones&#8230; ¿Cómo se soluciona esta contradicción?</p>
<p>&nbsp;
<ul>Si te ha gustado, a lo mejor te puede interesar:
<li><a href="http://antonioespana.es/2008/06/abyssus-abyssum-vocat-in-voce.html" rel="bookmark" title="16/6/2008">Abyssus abyssum vocat in voce</a> &#8211; De la inutilidad de la intervención estatal de los precios. <em>Etiquetas: economía, Friedrich Hayek, intervencionismo, Ludwig von Mises, mercado, Milton Friedman, política, precios regulados</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2009/06/libertad_usurpada.html" rel="bookmark" title="28/6/2009">Usucapio libertatis</a> &#8211; Reflexión sobre el miedo a la libertad. <em>Etiquetas: capitalismo, estado, liberalismo, Ludwig von Mises, mercado, refundación del capitalismo</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2009/12/teoria_ciclo_austriaco.html" rel="bookmark" title="23/12/2009">De monetae mutatione</a> &#8211; Explicación de los ciclos económicos como expansión crediticia. <em>Etiquetas: ciclos, economía, Jesús Huerta de Soto, Ludwig von Mises, petroleo, TACE, teoría austriaca del ciclo económico</em></li>
</ul>
<p><!-- Similar Posts took 46.264 ms --></p>
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		<item>
		<title>Monetae cudendae ratio - Nueva entrada sobre el origen y naturaleza del dinero: la acuñación de moneda</title>
		<link>http://antonioespana.es/2011/06/origen-naturaleza-dinero-acunacion-moneda.html</link>
		<comments>http://antonioespana.es/2011/06/origen-naturaleza-dinero-acunacion-moneda.html#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 23 Jun 2011 09:48:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
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		<category><![CDATA[origen del dinero]]></category>

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		<description><![CDATA[Continuo con la serie sobre el dinero. Hoy, tal y como decía en el último post de la misma, daremos el salto del dinero &#8220;en bruto&#8221; en forma de metales preciosos -fundamentalmente oro- a la moneda acuñada y veremos como desde entonces nuestro amigo el estado ya empezó a meter mano y a crearnos problemas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2011/06/Hommer-simpson-moneda.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-1062" style="margin: 5px;" title="Hommer simpson-moneda" src="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2011/06/Hommer-simpson-moneda-300x286.jpg" alt="" width="210" height="200" /></a><span class="dropcaps">C</span>ontinuo con la <a href="http://antonioespana.es/tag/origen-del-dinero">serie sobre el dinero</a>. Hoy, tal y como decía en <a href="http://antonioespana.es/2011/06/origen-naturaleza-dinero-oro.html">el último post de la misma</a>, daremos el salto del dinero &#8220;en bruto&#8221; en forma de metales preciosos -fundamentalmente oro- a la moneda acuñada y veremos como desde entonces nuestro amigo el estado ya empezó a meter mano y a crearnos problemas a los ciudadanos de a pie.</p>
<p>Decía en la <a href="http://antonioespana.es/2011/06/origen-naturaleza-dinero-oro.html">entrada anterior</a> que los metales nobles, de forma paulatina y evolutiva, se fueron imponiendo sobre el resto de otros bienes que se empleaban como dinero -ganado, conchas, grano de cereal, etc.- por sus ventajas para facilitar los intercambios comerciales. Esta facilidad, a su vez y pese a la mala fama del dinero, fue la que nos <strong>permitió extender las relaciones pacíficas entre los pueblos</strong> y con ellas, seguramente, la convergencia y desarrollo de los idiomas así como el perfeccionamiento de las normas de convivencia -el Derecho. Por no hablar de la profundización en la división del trabajo y el incremento de productividad -y por ende bienestar y riqueza- que ella permitió.</p>
<p>No obstante, <strong>el uso de metales como el oro o la plata no estaba exento de inconvenientes</strong>. Uno de ellos, y quizás el más relevante, la <strong>dificultad de comprobar su autenticidad y grado de pureza</strong>. A fin de cuentas, una vaca es una vaca y un puñado de granos de cacao es fácilmente reconocible a simple vista. Pero, ¿cómo se que no me están dando &#8220;la bacalá&#8221; con un pedrusco de metal dorado? Otro inconveniente era la necesidad de dividir el citado pedrusco en las piezas del tamaño y peso correspondiente a la transacción que se quería hacer. En efecto, separar un montoncito de granos de trigo para comprar una jarra de vino parece más sencillo que sacar un martillo y un cincel en la barra de la taberna para partir un trozo del tamaño justo para pagar el refrigerio.</p>
<p>Así, <a href="http://www.eumed.net/cursecon/economistas/menger.htm">Menger</a> -uno de los padres de la <a href="http://www.eumed.net/cursecon/textos/Kizner-austriaca.htm">Escuela Austriaca de Economía</a> e impulsor de la teoría evolutiva de las instituciones, entre ellas el dinero- cita en sus <a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=3149&amp;isbn=9788472093157">Principios de Economía Política (1871)</a> a un antropólogo aleman (<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Adolf_Bastian">Adolf Bastian</a>) que describía unos de sus viajes a Birmania a finales del XIX y cómo allí aún se utilizaba la plata sin acuñar. De este modo, cuenta el alemán cómo el pobre birmano a la que la mujer le manda a hacer la compra tenía que ir cargando con <em>&#8220;una pieza de plata, un martillo, un cincel, una balanza y las pesas correspondientes&#8221; -</em>evidentemente, la balanza y las pesas las ponía el birmano comprador, no fuera a toparse con don Senen, el tendero de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/13,_Rue_del_Percebe">13 Rue del Percebe</a>. A la hora de pagar y una vez fijado el precio, el comerciante proporcionaba un yunque donde el comprador aplicaba sus finas habilidades de orfebrería para obtener justo la cantidad de plata que necesita para abonar el tiquet. Ni que decir tiene que en este proceso parte del precioso material se pierde en forma de esquirlas que saltan o imprecisiones en la operación. Y no hemos hablado de la necesidad de comprobar la ley de la plata, para lo que era necesario llamar a un tercer birmano para que hiciera los ensayos químicos correspondientes -y que éste fuera de confianza de ambas partes, añado yo, porque si no cada uno tendría que ir con su químico de confianza.</p>
<p>Como decía Menger, <em>&#8220;son dificultades que no pueden eliminarse sin pérdidas de tiempo y sin sacrificios económicos&#8221;</em>. Y el hombre, que por naturaleza le gustan muy poco los sacrificios económicos, empezó a darle vueltas a como simplificar su vida comercial. Y así se inventó primero la técnica de estampar un sello que garantizara la ley y luego la división en piezas estandarizadas, que además de la pureza del metal asegurara el peso correcto. <strong>Y así nacieron las monedas acuñadas</strong>.</p>
<p>Así, la acuñación de monedas tuvo una<strong> importancia crucial a la economía</strong>, al simplificar las transacciones comerciales con un mero procedimiento de contar monedas, frente a los costosos y molestos preparativos asociados al peso y comprobación de pureza.</p>
<blockquote><p>Como consecuencia de esta circunstancia no hace sino aumentar considerablemente aquella gran capacidad de venta que tienen los metales nobles en virtud de su propia naturaleza.</p>
<p style="text-align: right;">Carl Menger<br />
Principios de Economía Política</p>
</blockquote>
<p>Ahora bien, <strong>¿a quién le encomendábamos tan importante tarea de la acuñación?</strong> Evidentemente a quien inspirara la suficiente confianza como para pensar que no nos iba a engañar. Dice Menger que <em>&#8220;quien mejor puede garantizar el peso y la pureza de las monedas acuñadas es el estado, porque todos le conocen y reconocen y, al mismo tiempo, tiene el poder para amedrentar y castigar a los infractores&#8221;</em>. <strong>Y ya salió el estado</strong>. Aunque yo matizaría aquí al gran Menger, dado que el &#8220;estado&#8221; tal y como lo conocemos hoy es una concepción y moderna y, desde luego, posterior a la utilización de monedas acuñadas. Salvo que por estado entendamos el <strong><em>monopolio de la coacción</em></strong> encarnado, por ejemplo, en los señores feudales del medievo, que eran estado en la medida que tenían sus propios ejércitos privados -los ejércitos regulares nacionales son también un invento relativamente reciente.</p>
<p>En cualquier caso, lo cierto es que <strong>los gobiernos han asumido casi siempre el deber -yo diría el derecho- de acuñar las monedas necesarias para el comercio y casi siempre también, han abusado de este poder</strong>. Y han abusado tanto, dice Menger, <em>&#8220;Hasta el punto de que los sujetos económicos casi llegan a olvidar el hecho de que una moneda no es otra cosa sino un trozo de metal noble, de un peso y una pureza determinados, y que la dignidad y capacidad jurídica del emisor no hace sino garantizar el peso y la pureza&#8221;</em>.</p>
<p>O, lo que es lo mismo, se empezaron a dar los pasos para que calara en la sociedad <strong>la creencia de que el dinero tiene valor en función de un decreto legislativo, a capricho del gobernante</strong>, y no en sí mismo en función de su peso y por su capacidad de intercambio. Pero eso lo contaremos otro día, que tengo el firme propósito de controlar la longitud de mis entradas <img src='http://antonioespana.es/wordpress/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>En el próximo capítulo abundaremos en este tema de la corrupción de la moneda por el estado y, si queda espacio, iniciar la transición hacia el papel moneda -los billetes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nota sobre el título</strong>: Se trata del título de una <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Monetae_cudendae_ratio">obra de Nicolás Copérnico sobre la acuñación de moneda</a>, que como buen genio renacentista, tocaba varios palos y uno de ellos era la economía -aunque en aquella época aún no existía como ciencia. Se trata de todo un tratado de teoría monetaria, en el que Copérnico anticipa la ley de Gresham, la teoría cuantitativa del dinero y la nefasta distinción entre valor en uso y valor en cambio de los bienes que tanto confundió a los economistas clásicos, entre ellos Adam Smith, David Ricardo o J. S. Mill.
<ul>Si te ha gustado, a lo mejor te puede interesar:
<li><a href="http://antonioespana.es/2010/11/origen-naturaleza-dinero.html" rel="bookmark" title="20/11/2010">Electa materia est, cuius publica ac perpetua aestimatio difficultatibus permutationum aequalitate quantitatis subveniret</a> &#8211; Sobre el origen del dinero (primero de una serie de entradas sobre el que fue vil metal y ahora es un papel de valor discutible y discutido). <em>Etiquetas: Carl Menger, dinero, economía, Jesús Huerta de Soto, Juan de Mariana, origen del dinero</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2011/06/origen-naturaleza-dinero-oro.html" rel="bookmark" title="5/6/2011">Auri sacra fames</a> &#8211; Continuación de la serie sobre el origen y naturaleza del dinero, de cómo diferentes bienes han tomado el papel de dinero en las diferentes sociedades. <em>Etiquetas: dinero, evolución, naturaleza, origen del dinero, oro</em></li>
</ul>
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		<title>Auri sacra fames - Continuación de la serie sobre el origen y naturaleza del dinero, de cómo diferentes bienes han tomado el papel de dinero en las diferentes sociedades</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Jun 2011 22:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace unos meses, allá por noviembre del año pasado, comencé una pretendida serie de entradas en este blog sobre la naturaleza y origen del dinero que interrumpí inmisericordemente (o misericordiosamente, según se mire). Ahora que Grecia vuelve a estar en el candelero por segunda vez y que no sabemos cómo va a quedar la cosa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2011/06/monedas_chocolate.jpg"><img class="size-medium wp-image-1040 alignleft" style="margin: 5px;" title="monedas_chocolate" src="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2011/06/monedas_chocolate-300x185.jpg" alt="" width="240" height="148" /></a><span class="dropcaps">H</span>ace unos meses, allá por <a href="http://antonioespana.es/2010/11">noviembre del año pasado</a>, comencé una pretendida serie de entradas en este blog sobre <a title="Entradas sobre la naturaleza y origen del dinero" href="http://antonioespana.es/tag/origen-del-dinero">la naturaleza y origen del dinero</a> que interrumpí inmisericordemente (o misericordiosamente, según se mire). Ahora que <a href="http://www.cincodias.com/articulo/economia/zona-euro-salva-quiebra-grecia-plan-rescate/20110604cdscdieco_1/">Grecia vuelve a estar en el candelero por segunda vez</a> y que no sabemos <a href="http://www.libremercado.com/2011-05-30/manuel-llamas-y-si-grecia-sale-del-euro-59911/">cómo va a quedar la cosa con el euro</a>,  creo que ha llegado el momento de retomar aquella serie <em>interruptus</em>, aunque espero que en dosis más cortas y digeribles que la <a title="Sobre el origen del dinero" href="http://antonioespana.es/2010/11/origen-naturaleza-dinero.html">entrada anterior</a>, aunque eso signifique que nos tome varios posts llegar <a title="Entrada sobre el origen y naturaleza del dinero" href="http://antonioespana.es/2010/11/origen-naturaleza-dinero.html">desde donde lo dejamos</a> hasta la moneda única.</p>
<p>A modo de <em>flashback</em> -como hacen las series de TV de éxito- y como síntesis de la <a title="Sobre el origen y naturaleza del dinero" href="http://antonioespana.es/2010/11/origen-naturaleza-dinero.html">entrada inicial</a>, podemos recordar como tras muchos, muchísimos años de <strong>evolución social humana</strong>, el hombre descubrió que <strong>el trueque se simplificaba</strong> sobremanera si utilizaban en sus intercambios determinados bienes, que aunque no fueran para su consumo inmediato sí que eran aceptados más facilmente que aquellos que efectivamente satisfacían sus necesidades más perentorias. Es decir, nuestros sabios antepasados, descubrieron el <strong>cambio indirecto</strong>. Tales productos, a fuerza de cambiar de manos con tantísima frecuencia -frecuencia de intercambios que, por otro lado, se multiplicaba gracias a la facilidad que permitían estos- comenzaron a ser <strong>solicitados no tanto por su uso final</strong> -demanda industrial- <strong>sino por su utilidad para comprar y vender otros objetos</strong> en la plaza de la aldea -lo que luego vendría a ser la demanda monetaria.</p>
<p>Pues bien, a medida que esas cosas pasaban a ser empleadas fundamentalmente como <strong>medio de intercambio general y comúnmente aceptado</strong>, comenzaban a adquirir carta de naturaleza de <strong>dinero</strong> -recordemos que esa es precisamente la definición del dinero que dan los economistas.</p>
<p>A lo largo de la Historia, <strong>son muchos los bienes que han tomado esta función de dinero</strong>, al ser empleados de manera generalizada como medio de intercambio. Pero no podemos diferenciar claramente el momento en que un bien se convierte en dinero y, más concretamente, en qué instante los metales preciosos como el oro o la plata adquieren tal condición. Más bien debió haber un <strong>periodo más o menos dilatado de convivencia de varios bienes de intercambio</strong> -con sus correspondientes &#8220;tipos de cambio&#8221;- hasta que uno o dos se impusieron sobre el resto.</p>
<p>Así, por ejemplo, conocemos que los egipcios -los de las pirámides- compatibilizaban el trueque puro y duro con el intercambio de <strong>saquitos de grano</strong> o <strong>medidas estándares de cobre o de plata</strong> como dinero, siendo el <em>deben </em>o<em> tabonom </em>una de las referencias de peso para estos metales -con los que el Sinuhé de la novela de Mika Waltari le compraba sus afeites a Nefernefernefer hasta que la sacerdotisa del templo de Amón limpió al incauto médico egipcio y a sus padres.</p>
<p>También en el Antiguo Testamento podemos leer sobre esa extraña costumbre de Abraham &amp; <em>company</em> de ir a todos lados con el ganado a cuestas, como quien lleva siempre su cartera en el bolsillo.  Y es que los hijos de Israel utilizaban desde antiguo las <strong>cabezas de ganado</strong> como medio de intercambio y también como almacén de riqueza -eso que los economistas también llaman <em>depósito de valor</em>. Como muestra un botón:</p>
<blockquote><p>47:14 Entonces José se hizo con toda la plata existente en Egipto y Canaán a cambio del grano que ellos compraban, y llevó José aquella plata al palacio de Faraón.</p>
<p>47:15 Agotada la plata de Egipto y de Canaán, acudió Egipto en masa a José diciendo: Danos pan. ¿Por qué hemos de morir en tu presencia ahora que se ha agotado la plata?</p>
<p>47:16 Dijo José: Entregad vuestros ganados y os daré pan por vuestros ganados, ya que se ha agotado la plata.</p>
<p>47:17 Trajeron sus ganados a José y José les dio pan a cambio de caballos, ovejas, vacas y burros. Y les abasteció de pan a trueque de todos sus ganados por aquel año.</p>
<p style="text-align: right;">Génesis</p>
</blockquote>
<p>Pero -teorías alienígenas aparte- una muestra de que el hombre llega evolutivamente a &#8220;inventar&#8221; el dinero lo tenemos al otro lado del Atlántico, donde también sabemos que los Aztecas empleaban<strong> grano de cacao</strong>, aparte de para preparar sus <em>Nesquicks</em> precolombinos, para hacer sus compritas. Por cierto, que los antepasados mexicanos consideraban el cacao un regalo del mismísimo Quetzalcóatl, el dios que bajó de los cielos para transmitirles sabiduría. Curioso que consideraran algo que se utilizaba como dinero como un &#8220;regalo divino&#8221; y no como un &#8220;mal infernal&#8221; como suele ser visto hoy en día por lo más granado de la corrección política.</p>
<p>Aparte del cacao, que era utilizada como moneda fraccionaria -calderilla, vamos- se utilizaban también como dinero de mayor valor -los billetes de 500€- unas <strong>mantas de algodón</strong> de diferentes calidades. Y también, como no, el oro, que solía intercambiarse embutido en cañones de plumas de aves.</p>
<p>Si nos vamos un poco más al norte, nos daremos cuenta también de que los indios de Norteamérica, antes de ser aniquilidaos por el general Custer en Little Big Horn, pagaban sus compras con un <strong>tipo de molusco que llamaban </strong><em><strong>wampum</strong>,</em> y con el que aparte de comprar pieles para hacerse sus <em>tipis</em> y sus vestidos con flecos, lo empleaban para confeccionar esos collares que les cubrían el pecho y que tantas veces hemos visto en las pelis del Oeste.</p>
<p>Curiosamente, si nos vamos a la China milenaria, allí también utilizaban <strong>moluscos marinos</strong> -<em>Cypraea</em>- como dinero desde al menos el año 1600 A.C., cuando la dinastía Shang. Y, de hecho, a medida que ésta se iba haciendo escasa, los chinos que parecen muy dados a la copia barata, comenzaron reproducir las cipreas en hueso, piedra o bronce. Algunas hasta las recubrían de pan de oro. Una vez más el siempre presente oro.</p>
<p>Y así podría seguir con ejemplos, pero el hecho es que a lo largo del tiempo y de forma más o menos global -suelo sostener que la globalización no es un fenómeno nuevo, sino que ya existía en tiempos de Marco Polo, y mucho antes- de una u otra manera, <strong>los bienes utilizados como dinero se redujeron espontánea y paulatinamente a dos metales bien conocidos, el oro y la plata</strong> -aunque ésta en menor medida.</p>
<p>El porqué de la selección -insisto, evolutiva y no por mandato de nadie, mucho menos de ningún gobierno o estado- del oro tiene todo el sentido del mundo. A diferencia de los ejemplos que hemos visto, el metal amarillo tiene algunas <strong>propiedades físicas que lo hacen idóneo</strong>:</p>
<ul>
<li>Es <strong>relativamente escaso</strong> -no se puede cultivar como los cereales o el cacao- y por lo tanto actúa como un gran depósito de valor -de hecho, el <a title="Jesús Huerta de Soto" href="http://www.jesushuertadesoto.com/">profesor Huerta de Soto</a> en <a href="http://www.urjc.es/estudios/masteres_universitarios/ciencias_juridicas_sociales/escuela_austriaca/index.htm">sus clases</a> nos cuenta que todo el oro del mundo cabe en tres piscinas olímpicas. Esto del depósito de valor tiene además sus ventajas, acordémosnos de los pobres judíos de Moises cargando con sus riquezas en forma de rebaño de cabras&#8230;</li>
<li>Es <strong>homogéneo</strong>, es decir, una onza de oro puro es igual a otra onza de oro puro. No ocurre lo mismo con un buey o una oveja, que puede ser más o menos grande, estar más o menos sana, ser más o menos vieja, etc. O con el grano o las conchas, que pueden ser de distinta calidad.</li>
<li>Es muy <strong>sencillo comprobar su ley, </strong>incluso por procedimientos químicos rudimentarios al alcance de los antiguos orfebres.</li>
<li>Y, además, <strong>mantiene sus propiedades físicas</strong> a lo largo del tiempo, es decir no se oxida -a diferencia de la plata, que se ennegrece- ni se desgasta con facilidad ni se degrada de ninguna otra forma. Es por ello que un tesoro puede estar oculto en la bodega de un galeón hundido por siglos y cuando es rescatado el oro se recupera como si acabara de haber sido recogido a bocamina.</li>
</ul>
<p>Con estas características, parece natural que el oro se impusiera sobre cualquier otro elemento o producto como <strong>bien de intercambio generalmente aceptado</strong>. O sea, como <strong>dinero</strong>.</p>
<p>Hasta aquí el post de hoy, en el próximo de la serie veremos cómo se da el paso del metal en bruto a la moneda acuñada y cómo, a partir de ahí, los gobernantes empezaron a meter mano y causar los problemas económicos que hoy nos aquejan&#8230;</p>
<p>Pero hasta entonces una reflexión: <strong>¿es justificada la mala fama del dinero? ¿Qué pasaría con nuestro mundo tal y como lo conocemos si se aboliera el dinero y volviéramos al trueque?</strong></p>
<p><span class="footnote"><strong>Nota sobre el título:</strong> Corresponde al célebre verso de Virgilio en el libro tercero de su Eneida: &#8220;<em>Quid non mortalia pectora cogis, auri sacra fames?</em>&#8221; y que fue tomado como bandera para criticar la &#8220;<em>execrable hambre de oro</em>&#8220;. Así, fue tomado por nuestro Marqués de Santillana casi literalmente en su obra <em>Doctrinal de privados</em>: &#8220;<em>O fambre de oro raviosa! / ¿quáles son los coravones / humanos que tú perdones / en esta vida engañosa</em>&#8220;. En el mismo tono conminatorio y políticamente correcto lo tomó el mismísimo Keynes para titular un ensayo en el que criticaba el patrón oro -sobre el que hablaremos más adelante en otro post- y en el que llegó a decir que el oro era una &#8220;reliquia bárbara&#8221;. En sentido contrario y con su genial tono irónico, el p<a href="http://www.google.es/webhp?sourceid=chrome-instant&amp;ie=UTF-8&amp;ion=1&amp;nord=1#sclient=psy&amp;hl=es&amp;nord=1&amp;site=webhp&amp;source=hp&amp;q=%2B%22carlos+rodr%C3%ADguez+braun%22+%2B%22auri+sacra+fames%22&amp;aq=&amp;aqi=&amp;aql=&amp;oq=&amp;pbx=1&amp;bav=on.2,or.r_gc.r_pw.&amp;fp=bf33701b44ac9b2c&amp;ion=1&amp;biw=1246&amp;bih=1080">rofesor Rodríguez Braun ha utilizado el <em>dictum</em> virgiliano en múltiples ocasiones</a>. Lo que poca gente parece conocer es que el verso del poeta romano no se refiere tanto a la natural búsqueda del ser humano por mejorar su propia condición, como a la traición del corrupto rey de Tracia -¡ah! el estado- a Polidoro, a quien ordena asesinar para quedarse con su oro y sus posesiones.</span>
<ul>Si te ha gustado, a lo mejor te puede interesar:
<li><a href="http://antonioespana.es/2010/11/origen-naturaleza-dinero.html" rel="bookmark" title="20/11/2010">Electa materia est, cuius publica ac perpetua aestimatio difficultatibus permutationum aequalitate quantitatis subveniret</a> &#8211; Sobre el origen del dinero (primero de una serie de entradas sobre el que fue vil metal y ahora es un papel de valor discutible y discutido). <em>Etiquetas: Carl Menger, dinero, economía, Jesús Huerta de Soto, Juan de Mariana, origen del dinero</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2011/06/origen-naturaleza-dinero-acunacion-moneda.html" rel="bookmark" title="23/6/2011">Monetae cudendae ratio</a> &#8211; Nueva entrada sobre el origen y naturaleza del dinero: la acuñación de moneda. <em>Etiquetas: acuñación, Carl Menger, moneda, origen del dinero</em></li>
</ul>
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		<title>Electa materia est, cuius publica ac perpetua aestimatio difficultatibus permutationum aequalitate quantitatis subveniret - Sobre el origen del dinero (primero de una serie de entradas sobre el que fue vil metal y ahora es un papel de valor discutible y discutido)</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Nov 2010 21:09:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
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		<description><![CDATA[﻿La cuestión monetaria en general y la conveniencia de la vuelta al patrón oro está apareciendo con cierta frecuencia en los medios últimamente, sobre todo a cuenta de la llamada guerra de divisas entre EEUU y China y la nueva ronda de quantitative easing de la Fed -que viene a ser un eufemismo de imprimir dinero. Se trata de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>﻿<a href="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2010/11/trueque.jpeg"><img class="alignright size-full wp-image-907" title="trueque" src="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2010/11/trueque.jpeg" alt="" width="282" height="179" /></a><span class="dropcaps">L</span>a <strong>cuestión monetaria</strong> en general y la <strong>conveniencia de la vuelta al patrón oro</strong> está apareciendo con cierta frecuencia en los medios últimamente, sobre todo a cuenta de la llamada <a href="http://www.elblogsalmon.com/entorno/como-y-por-que-estamos-en-una-guerra-mundial-de-divisas">guerra de divisas</a> entre EEUU y China y<a href="http://www.gurusblog.com/archives/fed-qe2-sistema-financiero/05/11/2010/"> la nueva ronda de <em>quantitative easing</em> de la Fed</a> -que viene a ser <a href="http://blog.mises.org/14626/quantitative-easing-explained/">un eufemismo de imprimir dinero</a>. Se trata de un hecho que no es casual, dado que en la alteración del dinero -<em>monetae mutatione</em>, que diría nuestro escolástico, el <a href="http://www.eumed.net/cursecon/economistas/mariana.htm">Padre Juan de Mariana</a>- está el origen, si no de todos nuestros males, sí al menos una importante parte de nuestros sufrimientos económicos, sobre todo en lo que se refiere a los <strong><a href="http://antonioespana.es/2009/12/teoria_ciclo_austriaco.html">ciclos de auge y subsiguiente depresión</a></strong>. Por eso, y tras <a href="http://antonioespana.es/2010/10/sistema-fiscal-alternativo.html">terminar la serie de entrada sobre cuestiones fiscales</a>, me interesa iniciar una nueva dedicada al <strong>dinero</strong>. Empezando por esta entrada en la que trataré de repasar el origen del mismo, condición imprescindible para <strong>entenderlo y apreciarlo racionalmente, evitando caer en posiciones atávicas</strong>.</p>
<p>Porque hay quien odia el dinero -el vil metal, le llaman- y algunos, románticos ellos, incluso sueñan con un idílico mundo pastoril en el que no existieran ni euros ni dólares, ni yuanes. Ni siquiera el dinero del Monopoly. Como si con la abolición del dinero desapareciera todo lo malo que hay en la naturaleza humana. Pues no, queridos amigos, <strong>el dinero</strong>, como cualquier objeto animado o inanimado, animal, vegetal o pedrusco, <strong>no es ni bueno ni malo. Simplemente es</strong>. Las cosas -o los animales, como les enseño a mis hijos- no pueden ser malvadas, en todo caso lo son las personas que hacen uso de ellas (esto parece que ya lo dijo el mismísimo Gangdhi, que era poco sospechoso de materialista).</p>
<p>Pero ese sentimiento nace seguramente del <strong>desconocimiento del origen y la naturaleza del dinero</strong>. Por eso quiero hacer un breve repaso sobre esta cuestión, que de paso, espero que me sirva para elaborar en futuro post sobre la reforma monetaria y <a href="http://www.libertaddigital.com/economia/el-banco-mundial-propone-regresar-al-patron-oro-1276406466/">la restauración del patrón oro que algunos, como el mismísimo presidente del Banco Mundial, han comenzado a pedir</a> calentado el terreno de esas <a href="http://antonioespana.es/2008/11/fatal-arrogancia.html">reuniones de pastores de la que el ciudadano de a pie no puede esperar nada bueno</a>, y que en la que lo mejor que nos puede pasar es que se se limiten a gastar nuestro dinero en fastos y copas.</p>
<p><strong>¿Sabemos realmente qué es el dinero?</strong> ¿Por qué le damos tanto valor a esos asquerosos papelillos, manoseados y cargados de bacterias y otros bichos microscópicos indeseables -me quedará grabada para siempre la manía que me inculcó mi madre de lavarme las manos cada vez que tocaba el dinero-, que no aguantan ni un lavado de vaqueros y que salvo para usos poco saludables y recomendables apenas tiene utilidad práctica. Por no hablar de las monedas actuales, igual de manoseadas e infestadas de microorganismos, que deforman bolsillos y que tienden a acumularse en bandejitas, cajones y ceniceros de coche.</p>
<p>Para saber qué es el dinero, debemos conocer cómo se originó. Lo primero que hay que saber es que <strong>el dinero no lo inventó nadie</strong>. No, no fue ningún gobernante, comité de sabios o cámara de representación democrática quien, por decreto o mandato legislativo creó, el dinero. Antes bien, <strong>al igual que las otras grandes instituciones humanas, como son el lenguaje, el derecho, el comercio o la familia, la institución del dinero se gestó de manera evolutiva a lo largo de un periodo de tiempo dilatadísmo</strong>, sin que podamos datar su origen en ninguna fecha concreta.</p>
<p>Tendríamos que retrotraernos a <strong>los orígenes de la civilización</strong>, donde los primeros grupúsculos  de humanoides descubren que colaborando entre ellos y dividiéndose y repartiéndose el trabajo -ya se sabe, lo de cazadores y recolectores- llegaban mucho más lejos que dándose tortas y haciéndolo todo ellos mismos en plan yo me lo guiso, yo me lo como. Es decir, el <em>homo</em> algo, no sabemos si <em>sapiens</em> o ya se daba en alguna especie anterior, se debió dar cuenta que en su tribu había quien era mucho más eficiente que él curtiendo pieles o tallando piedras de sílex, mientras que si esos individuos salían de caza, no volvían ni con un conejo anciano y cojo, de lo escasas que eran sus habilidades cinegéticas.</p>
<p>Pues bien, ahí debió comenzar <strong>el primer  intercambio de bienes en forma de trueque</strong>. A buen seguro, gracias a este comercio primitivo y a la división del trabajo, aquella protosociedad comenzó a progresar. En cierto modo, la especialización le permitió al hombre producir de su especialidad más de lo que necesitaba para consumir -fueran mamuts cazados, taparrabos de piel de gacela o lanzas con punta de sílex- <strong>intercambiando lo sobrante para adquirir otros productos cuya manufactura a él le resultaba considerablemente más complicada</strong> por su torpeza en la materia.</p>
<p>De este modo, en agregado, el pequeño grupo es capaz de producir más trabajando de esta forma especializada, que si lo hiciera de la manera autárquica. Pues bien, a medida que el grupo se hace más productivo, es capaz de producir más bienes que los que necesita para el consumo inmediato. El no tener que salir cada día de caza a por alimento y pieles para vestirse les permite establecerse en un sitio fijo y dedicar el tiempo sobrante a ensayar nuevas formas de producción de comestibles -o sea, plantar tomates y esperar a que crezcan y maduren- e incluso establecer con más facilidad almacenes de materias primas, ganado e instrumentos y herramientas más elaborados y voluminosos que cuando eran nómadas no se podían permitir cargar con ellos de aquí para allá.</p>
<p>¿Y qué tiene que ver esto con el dinero, se pregunta el lector? No, no estoy divagando -para variar- así que pido un poco de paciencia que en seguida llegamos. Porque una vez establecidos, probablemente en un valle entre las montañas, unos grupos entrarían tarde o temprano en contacto con otros. Al principio, sin duda se darían de tortas hasta en el carnet de troglodita, pero al cabo del tiempo, descubrirían que <strong>resultaba una práctica mucho más saludable intercambiar vacas que mamporros y así debieron comenzar a comerciar entre tribus utilizando la misma práctica del trueque</strong>. Evidentemente esto de que se dieron cuenta es una manera de hablar. Seguramente, los grupos que hacían esto, en un proceso evolutivo de selección social, sobrevivieron a los que seguían dándose palos, y de éstos, según iban quedando, sí que descubrían que les iba mejor imitando a los primeros -por aquello de que la letra con sangre entra.</p>
<p>Pero claro, <strong>esto del trueque</strong> -pese a que, como decía antes, hay más de un iluminado que defiende que volvamos a esta primitiva práctica hoy en día- <strong>tiene importantes limitaciones prácticas</strong>. Para empezar, <strong>tiene que darse una doble coincidencia de necesidades</strong>. Es decir, el zapatero hambriento tenía que localizar al panadero descalzo para comer pan ese día.</p>
<p>La cuestión fue en parte resuelta -también evolutivamente- al &#8220;inventarse&#8221; el mercado físico. Es decir, el establecer por convención un lugar, un día y una hora donde todo el mundo acudiría a intercambiar los bienes que les sobraban por los bienes que necesitaban. Aun así, era un rollo, porque el zapatero necesitaba comer pan todos los días, pero sin embargo el panadero, con cambiar de zapatos cada dos o tres lunas le valía. ¿Qué podía hacer el zapatero? ¿Comprarle pan para tres meses al panadero cuando no se había inventando el congelador ni el microondas aún?</p>
<p>Pues bien, esta segunda cuestión se solventó <strong>al descubrirse espontáneamente el cambio indirecto</strong> -por oposición al trueque, que es cambio directo. Es decir, alguien descubrió que <strong>era mucho mejor cambiar sus productos por otro bien que</strong>, aunque no le fuera útil para consumirlo directamente, sí que <strong>resultaba más sencillo de cambiar en el mercado de la plaza</strong>. Y esto fue así porque de alguna manera notó que <strong>éste cambiaba de manos con mayor frecuencia</strong>.</p>
<p>Así, hubo algunos bienes que <strong>a su función principal, su uso industrial podemos llamar, unieron otra función como &#8220;facilitador&#8221; del trueque</strong>. En las diferentes civilizaciones ha habido muchos bienes de este tipo: grano de diversos tipos de cereal, cabezas de ganado -pecuniario viene del latín <em>pecus</em>, que significa rebaño o ganado-, pequeñas piezas de metal, saquitos de sal -de donde viene la palabra <em>salario-</em>, etc. Por lo tanto, a la demanda de estos productos para ser consumidos -en forma de harina, filetes, joyas, condimentos-, se les sumó otra demanda adicional, la de su uso como medio de intercambio.</p>
<p>Es importante notar que gracias a esta nueva &#8220;técnica&#8221; de comercio, una vez más, <strong>se vuelve a multiplicar la capacidad productiva del hombre</strong>. Sencillamente porque le da una vuelta de tuerca más a la especialización y la división del trabajo -aunque deberíamos decir, la división del conocimiento. En efecto, al facilitarse los intercambios, estos se multiplican, facilitando que las sociedades se vuelvan más productivas y fabriquen cada vez más utensilios de un tipo y se inventen nuevos productos, lo que a su vez aumenta el número de intercambios y, con ello, la demanda del bien utilizado como medio. Así, <strong>poco a poco y paulatinamente, para alguno de estos bienes de intercambio, este tipo de demanda se solapa hasta que supera a la industrial</strong>, terminando por imponerse. Llega un momento que el bien en cuestión es <strong>generalmente aceptado como medio de intercambio</strong>.</p>
<p>Y es entonces cuando <strong>se convierte en dinero</strong>, que es la definición que le dan los economistas: <strong>&#8220;dinero es todo medio de intercambio general y comúnmente aceptado&#8221;</strong>.</p>
<p>Visto así, nadie puede negar <strong>la función social altamente beneficiosa del dinero</strong>, dado que fue lo que permitió <strong>ampliar las fronteras del comercio</strong> y con él, las interacciones -pacíficas- entre grupos diversos de humanos. Inicialmente entre las tribus de un valle con las del valle de al lado, luego con las de más allá, río abajo, y después con las de la otra orilla del mar. Y es que en el fondo, <strong>la globalización empezó mucho antes de lo que nos imaginamos</strong>. Pero no sólo amplió el comercio: al poner en contacto a diferentes pueblos que tenían que comunicarse entre sí, sin duda el dinero <strong>tuvo un importante impacto en la evolución del mismo lenguaje</strong>. Y con el incremento del número y complejidad de los intercambios comerciales, también hubo que establecer una serie de normas que regularan los acuerdos, por lo que podría decirse que el dinero <strong>contribuyó al desarrollo del derecho</strong>.</p>
<p>O dicho de otra forma, que frente a las ideas políticamente correctas sobre la maldad del dinero, si lo pensamos, en realidad <strong>el vil metal nos ha traido a la Humanidad bastante más consecuencias positivas que negativas</strong>.</p>
<p>P.D. En un próximo post hablaremos de cómo el oro llegó a convertirse en dinero y lo fue durante buena parte de la historia conocida de la civilización, para después ser corrompido por la acción de los gobernantes, que se lo expropiaron a la Humanidad, reemplazándolo por esos papelillos sin valor de los que hablaba al principio del post. Fue en ese momento cuando afloró lo realmente malo del dinero, pero eso es tema de otra entrada&#8230;</p>
<p class="footnote"><strong>Nota sobre el post</strong>: Esta entrada está basada en el epígrafe &#8220;Naturaleza y origen del dinero&#8221; del capítulo sobre la Teoría del Dinero de los <a href="http://www.casadellibro.com/homeAfiliado?ca=3149&amp;isbn=9788472093164">Principios de Economía Política</a> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carl_Menger">Carl Menger</a>, economista vienés a quien se le considera como el fundador de la <a href="http://www.urjc.es/estudios/masteres_universitarios/ciencias_juridicas_sociales/escuela_austriaca/index.htm">Escuela Austriaca de Economía</a>, así como en las clases del <a href="http://jesushuertadesoto.com/">Prof. Jesús Huerta de Soto</a>.</p>
<p class="footnote"><strong>Nota sobre el título</strong>: Se trata de un fragmento del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%B3digo_de_Justiniano">código de Justiniano</a>, que a su vez es una compilación de textos de los jurisconsultos romanos. Este pasaje en concreto (el 1,1 del libro 18 del Digesto), que busca una explicación al origen del dinero, corresponde al <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Paulo_(jurista)">jurista Paulo</a> y la frase completa dice así: &#8220;<em>Sed quia non semper nec facile concurrebat, ut, cum tu haberes quod ego desiderarem, invicem haberem quod tu accipere velles, <strong>electa materia est,</strong> <strong>cuius publica ac perpetua aestimatio difficultatibus permutationum aequalitate quantitatis subveniret</strong></em>&#8220;. En traducción de <a href="http://www.dykinson.com/book--Cuerpo_de_derecho_civil_romano--20224....8.html">García del Corral</a>: &#8220;Pero porque no siempre, ni fácilmente, ocurría, que cuando tú tuvieses lo que yo deseara, yo a mi vez tuviera lo que tú quisieras recibir, <strong>se eligió una materia, cuya pública y perpetua estimación subviniese con la igualdad de cantidad a las dificultades de las permutas</strong>&#8220;.</p>
<ul>Si te ha gustado, a lo mejor te puede interesar:
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</ul>
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		<title>In hac quoque diversitate aequalitatis ratio servata est - Propuesta de un sistema fiscal basado en un presupuesto de gasto e inversión bottom-up de base cero, con reparto de la carga a partes iguales entre los ciudadanos (tipo comunidad de vecinos o club social).</title>
		<link>http://antonioespana.es/2010/10/sistema-fiscal-alternativo.html</link>
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		<pubDate>Wed, 20 Oct 2010 16:16:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cierro la serie de entradas sobre los impuestos de las últimas semanas (1 y 2) con mi propuesta para un nuevo sistema fiscal que, en mi opinión, sería realmente justo y ajustado. Justo en el sentido de que seamos todos verdaderamente iguales ante la Ley, también en el ámbito fiscal, y ajustado en la medida [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2010/10/IGUALDAD.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-869" style="margin: 5px;" title="IGUALDAD" src="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2010/10/IGUALDAD-300x300.jpg" alt="" width="240" height="240" /></a><span class="dropcaps">C</span>ierro la serie de entradas sobre los impuestos de las últimas semanas (<a href="http://antonioespana.es/2010/09/legitimidad-etica-optimizacion-fiscal.html">1</a> y <a href="http://antonioespana.es/2010/10/iustitia-est-constans-et-perpetua-voluntas-ius-suum-cuique-tribuendi.html">2</a>) con mi<strong> propuesta para un nuevo sistema fiscal</strong> que, en mi opinión, sería realmente justo y ajustado. Justo en el sentido de que seamos todos <strong>verdaderamente iguales ante la Ley</strong>, también en el ámbito fiscal, y ajustado en la medida que facilita que los ciudadanos <strong>pongamos coto a los instintos expansivos</strong> de quienes detentan el poder político.</p>
<p>El modelo se deriva de mi convencimiento razonado de que <strong>un sistema fiscal debe servir a un único objetivo: repartir entre los ciudadanos de un país los gastos que supone el sostenimiento del estado y los servicios que éste presta</strong>. Es decir, el mismo objetivo que las cuotas de la comunidad de vecinos, sólo que en vez de pagar el contrato de mantenimiento de los ascensores, la iluminación de las zonas comunes, la limpieza de la escalera, el servicio de vigilancia y la minuta del administrador que nos lleva los papeles de la comunidad, con los impuestos pagaríamos el arreglo de las carreteras, la iluminación de las calles, el servicio de limpieza urbano, el sostenimiento de la policía y el ejército y el sueldo de los funcionarios que se ocupan de administrar la cosa pública. A otra escala, bien es cierto, pero conceptualmente el modelo sería el mismo.</p>
<p>Claro que este ya sabemos que <strong>no es el único objetivo político del sistema fiscal actual</strong>, que a los fines descritos añade uno que no se da en la comunidad de vecinos: <strong>la redistribución de la riqueza</strong>. Esto es así hasta el punto que el llamado &#8220;gasto social&#8221; y que no es otra cosa que la acción redistributiva, parece ser incluso más importante que el &#8220;gasto corriente&#8221; (recordemos que tal y como mantenía en la <a href="http://antonioespana.es/2010/10/iustitia-est-constans-et-perpetua-voluntas-ius-suum-cuique-tribuendi.html">entrada anterior</a>, los impuestos progresivos no son sino una forma rocambolesca y poco transparente de redistribuir la riqueza).</p>
<p>En mi propuesta, no obstante, no contemplo un objetivo explícito de redistribución de la riqueza y así es como me gustaría que se entendiera. No digo que piense que <strong>la riqueza, cuanto más distribuida esté entre la población, mejor</strong>. Antes bien, me considero una persona normal y como tal, yo también soy de los que creo que debería erradicarse la pobreza. La miseria ajena me causa tanta congoja como a cualquier persona corriente -que no padezca psicopatologías antisociales. Pero sí que <strong>estoy en contra es que la redistribución deba encargarse al estado</strong>. Por muchos motivos, pero principalmente porque <strong>(1)</strong> no me fío del criterio arbitrario del político o burócrata de turno y porque <strong>(2)</strong> la teoría nos demuestra y la historia nos ilustra que generalmente se logra el efecto opuesto al deseado.</p>
<p>En todo caso, si diera la casualidad de que el lector fuera un acérrimo defensor de la función redistributiva del estado, le pediría que lo aparcase por un momento para una discusión posterior. Es decir, centrémonos en los <strong>gastos puros de sostenimiento de la maquinaria política y burocrática</strong> para establecer un régimen fiscal apropiado que sea realmente equitativo -para mí, equitativo es que todos paguen lo mismo. Si luego hubiera que ejecutar la distribución, hágase pero de manera explícita como un impuesto separado: <strong>que sepamos cuánto nos cuesta el estado y cuánto nos cuesta la &#8220;solidaridad&#8221; forzosa.</strong></p>
<p>Dicho lo cual, centrémonos en el sistema en cuestión. El procedimiento sería muy sencillo y, como en cualquier comunidad de vecinos o club social, partiría del presupuesto de gastos.</p>
<p><strong>Paso 1: Cálculo </strong><em><strong>bottom-up</strong></em><strong> de la previsión de gastos / inversiones del año fiscal</strong></p>
<p>Es decir, en vez de empezar la casa por la ventana, como suele hacerse en nuestro país, que primero el Parlamento aprueba un techo de gasto y luego el Gobierno se ajusta al mismo (con lo cual el techo se convierte de facto en el presupuesto), comenzaríamos por abajo -enfoque <em>bottom-up</em> que diría un consultor <img src='http://antonioespana.es/wordpress/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' />  -, es decir, planteándonos la pregunta:<strong> ¿qué gastos / inversiones prevemos para el año que viene en CADA UNO de los organismos oficiales?</strong></p>
<p>Así, cada ministerio, comunidad autónoma o ayuntamiento debería hacer su previsión: necesitaremos pagar tantas nóminas de funcionarios, tantos alquileres de edificios públicos, tantos contratos de suministros varios (luz, agua, gas, teléfono, líneas de datos, limpieza, mantenimiento, seguridad, equipos informáticos, etc.), tantos coches oficiales (alquiler o compra, seguro, mantenimiento, etc.), tanto material de oficina (folios, bolis, clips, etc.), tantos billetes de avión y noches de hotel para los viajes de los señores ministros, tantos eventos institucionales y sociales, tantos anuncios de publicidad institucional y así sucesivamente. Sin olvidar el capítulo de reposiciones de material gastado u obsoleto (mobiliario de oficina, reformas en la casa del ministro correspondiente, renovación del vestuario de la vicepresidenta, etc.). Es decir,<strong> lo imprescindible para que la maquinaria estatal siga funcionando</strong>.</p>
<p>Evidentemente, cada ministerio, comunidad autónoma o ayuntamiento tendrá sus gastos específicos: maquinaria de guerra, uniformes y raciones para Defensa; porras, pistolas y sistemas de escucha para Interior; suministros hospitalarios para las Consejerías de Sanidad autonómicas; electricidad del alumbrado para los ayuntamientos; <em>etecé</em>, <em>etecé</em>. Todo ello deber ir previsto y sumado en este epígrafe.</p>
<p>Luego tendríamos que tratar el <strong>capítulo de inversiones </strong>-nótese que de momento no cuestiono si deben hacerse o no inversiones públicas. Aquí, reflejaríamos, igualmente por unidad administrativa, las inversiones a realizar durante el año, tanto las ya iniciadas en años anteriores y que haya que seguir pagando como las que queramos iniciar el año próximo. Cada área del estado debería indicar que necesitará tantos euros para la ampliación del metro, tantos para el nuevo túnel, tantos para la línea del AVE a Galicia y tantos para el nuevo aeropuerto de León. Y así con todo lo que se considere inversión en nuevas infraestructuras.</p>
<p>Hasta aquí tendríamos los <strong>gastos e inversiones orientadas al sostenimiento del estado</strong>. En mi caso particular, la deuda pública a largo plazo la prohibiría constitucionalmente -permitiría únicamente los instrumentos financieros necesarios para la lógica gestión de la tesorería sin agobios- pero en cualquier caso, en caso de que la hubiera -que tendría que haberla en todo caso durante la transición-, <strong>deberíamos sumar aquí los gastos financieros derivados de los intereses, así como, evidentemente, los pagos del principal que toquen en el año</strong>. Igualmente, aplicaría el mismo principio de separación: que se sepa qué parte de los costes financieros corresponden a cada área.</p>
<p>Nótese que<strong> no he cuestionado aún ningún gasto público</strong>. Simplemente estoy proponiendo que se haga la previsión partiendo de abajo arriba y por entidad estatal para obtener una cifra de costes a pagar por los ciudadanos, sin incluir de momento, eso sí, ningún aspecto redistributivo -ni transferencias ni subvenciones ni pensiones ni subsidios-, ese capítulo lo abordaremos luego.</p>
<p><strong>Paso 2: Cálculo de los ingresos para un presupuesto base cero (igualar los ingresos a los costes)</strong></p>
<p>Pues bien, con este coste lo que haremos es dividirlo entre los españolitos de a pie, tal y como se hace con la comunidad de vecinos o el club de amigos del ornitorrinco blanco, de tal suerte que<strong> lo que se deba ingresar sea exactamente igual, ni más ni menos, que los gastos presupuestados</strong>.</p>
<p>Evidentemente, estamos haciendo previsiones por lo que la probabilidad de acertar al céntimo de euro es tendente a cero. En general, habría que establecer una partida para contingencias en el apartado de gastos y, al final del ejercicio, liquidar. Pasando la diferencia al año próximo, sea como ingreso adicional si nos hemos pasado, o como coste adicional si nos quedamos cortos.</p>
<p>Es decir: <strong>el déficit no puede ser una opción</strong>.</p>
<p><strong>Paso 3: Determinación de la contribución individual (dividir costes por número de individuos)</strong></p>
<p>Una vez <strong>determinados los ingresos totales</strong> que deben ir a parar a las voraces arcas del estado, toca <strong>articularlo en un sistema impositivo</strong>. Mi propuesta es que sea <strong>un impuesto ÚNICO y a pagar de UNA VEZ</strong>, de forma que duela de verdad lo que nos cuesta el aparato político y burocrático (nada de dividirlo en mil pagos y algunos de ellos, los más importantes, ocultos en retenciones e impuestos indirectos). Es decir, lo que propongo es <strong>fusionar en un único impuesto el IRPF, IS, IVA, IBI, impuesto de circulación, impuestos especiales, tasas, etc</strong>.</p>
<p>El problema es encontrar el criterio para decir <strong>quiénes son los españolitos entro los que dividir lo que nos toca pagar</strong>, pues es evidente que el bebé que en estos momentos está naciendo en el Hospital de la Paz no le vamos a hacer pagar como al resto.</p>
<p>Reconozco no es tan fácil como en los dos ejemplo que he puesto antes. ¿Cómo dividimos? ¿Por edad, por renta, por lugar de residencia, por familia, por número de hijos, por volumen y peso, &#8230; ?</p>
<p>Por definición, Siempre que imponemos un criterio, éste es arbitrario. Y el de la renta lo es tan arbitrario como el de la edad. Lo que sí, es que<strong> el criterio deber ser simple de aplicar, homogéneo, relativamente estable y con un poco de sentido común</strong>.</p>
<p>Un criterio es que <strong>debe ser por persona</strong>, que somos los que &#8220;disfrutamos&#8221; de los servicios públicos -es decir, descartando criterios que sean por número de casas, coches, etc.- Y, naturalmente, <strong>para los organismos territoriales aplicaríamos el criterio geográfico</strong> -p. ej. empadronamiento. Quizás lo más limpio y razonable es que <strong>se haga por edad, estableciendo un límite por debajo del cuál no se entre en el reparto</strong>. A primer bote, el límite podría estar en los 18 años, ya que si tienen edad para votar, deben tenerla para pagar impuestos. Claro que choca un poco con la realidad, dado que muchos a esa edad viven aún con sus padres y no tienen ingresos para pagar nada. Cargar a sus padres con la cuota de sus hijos podría, además, suponer un desincentivo a la natalidad, con lo que la sociedad entera quedaría perjudicada. Parece razonable, pues, retrasar algo más la edad de corte para el reparto de gasto, <strong>quizás situándola en alguno de los límites habituales para disfrutar del &#8220;carnet joven&#8221; o similar. Así, creo que me decantaría por los 26 o por los 30 años</strong>. Tampoco está mal apoyar a la juventud en esos años cruciales liberándoles de todo pago a Hacienda.</p>
<p>Como conclusión de este paso, tendríamos una &#8220;declaración de la renta&#8221; -entrecomillo porque ya no sería tal, sino más bien una &#8220;factura estatal a pagar&#8221;- en la que apareciera, con un nivel de desglose manejable pero como mínimo por unidad administrativa, los conceptos de pagos a realizar por el ciudadano. Esto tendría <strong>dos efectos beneficiosos inmediatos</strong>: <strong>(1) </strong>sabríamos que <strong>el estado siempre cuesta dinero</strong> y <strong>(2)</strong> sabríamos <strong>cuánto nos cuesta cada entidad pública</strong> a cada uno de nosotros -pudiendo incluso establecerse de forma sencilla comparaciones entre CC.AA. y municipios vecinos. Es decir, no quedaría oculto entre cientos de impuestos, tasas, retenciones, etc. También tendría como efecto positivo nada desdeñable la <strong>simplicidad en la recaudación y la minimización del fraude</strong> -sólo cabría falsificar la partida de nacimiento para evitar pagar-, con el ahorro añadido del sueldo de los inspectores de Hacienda&#8230;</p>
<p><strong>Paso 4: Ajustes redistributivos</strong></p>
<p>Nos queda aún el <strong>apartado redistributivo</strong> sobre el que ya me he pronunciado pero que<strong> no puedo obviar porque, en el mejor de los casos, habría que hacer una transición</strong> más o menos suave de un sistema a otro. Y tampoco quiero que esta cuestión desvíe la atención sobre el núcleo del sistema propuesto y sus beneficios inmediatos sin necesidad -aún- de tocar otras partidas más &#8220;sensibles&#8221;.</p>
<p>Así, si es que hubiera que dar respuesta a una función de redistribución de la renta, esta la haríamos en este punto y siguiendo un proceso similar. No me extenderé mucho en este apartado. Simplemente decir que <strong>haríamos una previsión de forma parecida a la que hicimos con los gastos</strong>: cada ente estatal diría cuántas subvenciones daría y por qué importe, cuantas transferencias realizaría, qué subsidios y por cuánto otorgaría, además de pensiones, etc. Con ello llegaríamos a una base de costes adicionales. Costes que<strong> habría que repartir con el criterio de redistribución que se establezca</strong> y que al final, con independencia del criterio y mecanismo empleado para realizarla, se articularía en una <strong>cifra a sumar o restar a la &#8220;factura&#8221; antes mencionada</strong>. Así, sabríamos de verdad cuán &#8220;solidarios&#8221; somos o cuánto recibimos del dinero que ponen otros más ¿afortunados?.</p>
<p>Evidentemente esto no es más que un esbozo de las líneas generales. Con toda seguridad habría que pulirlo, hacer simulaciones para ver el impacto, plantear un escenario intermedio que facilite la transición al sistema ideal o, por qué no, ponerlo a prueba por ejemplo en un ayuntamiento o una comunidad autónoma.</p>
<p>También me hubiera gustado ponerle algún número para ver la dimensión, pero se me alargaba demasiado y me parecía más interesante que el concepto quedara claro. Quizás lo haga en el futuro, aunque de momento descansaremos un poco del tema impuestos&#8230;</p>
<p><span class="footnote"><strong>Nota sobre el título:</strong> El título, que literalmente se traduce al castellano como &#8220;<em>aunque en esta diferencia aun hubo igualdad</em>&#8221; está extraído del <em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Paneg%C3%ADrico_del_emperador_Trajano">Panegyricus Traiani</a></em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Paneg%C3%ADrico_del_emperador_Trajano"> o </a><em><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Paneg%C3%ADrico_del_emperador_Trajano">Panegírico del emperador Trajano</a></em> de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Plinio_el_Joven">Plinio el Jóven (62-113 D.C.)</a>. Se trata de un discurso laudatorio hacia el emperador Trajano que curiosamente escribió Plinio como discurso para su nombramiento por aquél como cónsul. Aunque como se ve era muy amigo del poder y poco de los cristianos -participó activamente en las persecuciones de Trajano- la frase viene a colación del discutible carácter de la igualdad -o, si se prefiere, el concepto más laxo de equidad. En efecto, Plinio alaba la equidad de Trajano, que habiendo prometido ciertas compensaciones económicas al pueblo y una paga extra a sus soldados y no teniendo efectivo suficiente decidió pagarle la mitad de lo comprometido a los soldados en primer lugar y posteriormente la compensación completa al pueblo. Para Plinio, aunque las cantidades y los tiempos fueran diferentes, en la suma, el trato fue equitativo&#8230;</span>
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		<title>Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi - Crítica de la progresividad fiscal o el mito del &quot;De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades&quot;</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Oct 2010 17:14:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ahora que la subida de impuestos no la para ya ni Iker Casillas,  no dejo de darle vueltas a eso que llaman la &#8220;progresividad fiscal&#8221;, el sistema por el que el gobierno te confisca un porción mayor de tus ingresos cuanto mayores sean éstos. Es decir, el sistema por el que el estado te &#8220;premia&#8221; [...]]]></description>
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<p><strong> ¿Cómo se justifica la progresividad?</strong> Desde luego no en el hecho de que <strong>&#8220;gastes más recursos públicos&#8221;</strong>, porque en realidad por ganar más dinero, no se hace un uso mayor de los servicios que presta el estado a sus ciudadanos. Antes bien,<strong> según mejora tu nivel de ingresos, lo normal es que te vayas a lo privado</strong> en la sanidad, la educación, el transporte, los planes de pensiones, etc. Si lo comparamos con una comunidad de propietarios, que es un estado en chiquitio, ¿tendría sentido que las cuotas dependieran de la renta de cada vecino? No, ¿verdad? Si tuviéramos un ricachón en la urbanización, seguro que éste es el que menos baja a la piscina porque se va los fines de semana a su casa de la playa (tampoco tiene mucho sentido, la verdad, que se pague en proporción a los metros: por tener cinco metros cuadrados más, tampoco voy a hacer mayor uso de la piscina, ni de los ascensores, etc.).</p>
<p>No, la justificación se refiere más a una cuestión de <strong>redistribución de la riqueza</strong>. Pero como esto de redistribuir suena demasiado a Robin Hood, nuestros políticos nos hablan más bien de <strong>&#8220;solidaridad&#8221;</strong>. Es decir, existe un precepto moral que viene como mínimo desde Aristóteles -y que luego recogieran los escolásticos con mayor o menor fortuna- cuyo mandato es que el que tiene más, debe contribuir en mayor medida y más que proporcionalmente por su mayor capacidad. Como principio ético es indiscutible, de alguna manera todos tenemos grabado en nuestro código social que <strong>debemos ayudar al débil y que es bueno hacerlo, y nuestra obligación moral es tanto mayor, cuanto mayor sea nuestra capacidad de contribuir</strong>. Sólo que hay un pequeñísimo matiz: cuando el estado impone la moral a punta de pistola, ya no es tan fácil diferenciar si contribuimos de forma altruista o forzados. ¿Se puede seguir llamando a eso solidaridad? En mi opinión, no.</p>
<p>&#8220;Claro&#8221;, alguien dirá, &#8220;es que si lo dejas a la buena voluntad de la gente, sólo ayudarían cuatro gatos, porque ya has visto lo que la gente contribuye voluntariamente a <em>oenegés </em>y demás, que no llega ni al 5%&#8221;. Vale, puede que la gente sea poco altruista en la situación actual, pero claro, cuando <a href="http://antonioespana.es/2009/09/presion_fiscal.html">casi la mitad de lo que ganas ya se lo queda el estado para (re)distribuirlo a su antojo</a>, ¿qué capacidad te queda? ¿No es más lógico que pienses: &#8220;que les ayude el gobierno que para eso he pagado mis impuestos&#8221;?.</p>
<p>Es cierto que<strong> si la redistribución la hiciéramos nosotros y no un burócrata en nuestro nombre</strong> no íbamos a dar ni en sueños<a href="http://www.boe.es/boe/dias/2010/09/13/pdfs/BOE-A-2010-14092.pdf" target="_blank"> casi medio millón de euros en tres años para promocionar por Europa las excelencias de la cría del champiñón nacional</a>, a no ser que un pariente muy cercano se dedique a la cría de estos sabrosos hongos. Pero claro, sin ánimo de minusvalorar el posible drama que puedan estar viviendo quienes se dedican al cultivo del champiñón, desconocido allende nuestras fronteras, lo cierto es que se me ocurren muchos casos más cercanos y más necesitados a los que poder ayudar con esos quinientos mil eurillos.</p>
<p>En cualquier caso, la realidad es que<strong> nos hemos comido con patatas el famoso adagio comunista que dice que &#8220;De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades&#8221;</strong>. Este infausto eslogan fue acuñado en 1875 por Karl Marx en su &#8220;<a href="http://www.librosgratisweb.com/pdf/karl-marx/critica-del-programa-de-gotha.pdf">Crítica al programa de Gotha</a>&#8221; -el tal programa era el fundacional del partido socialista de los trabajadores de Alemania, fundado el mismo año en la ciudad <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Turingia">turingia </a>de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gotha">Gotha</a>, aunque no era una idea original ni nueva, pues en realidad fue ya estandarte del socialismo utópico francés y, mucho antes, se puso en práctica con todas su consecuencias en la comunidad anabaptista de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%BCnster">Münster</a> a mediados del siglo XVI. De aquí viene pues la sugerente pero dudosa idea de &#8221;que pague más el que más tiene&#8221;. Y digo dudosa porque, aunque como consigna moral tiene su punto, según hemos visto, como instrumento de política fiscal tiene serios problemas de consistencia lógica y, generalmente, provoca efectos contrarios a los deseados.</p>
<p>Porque, <strong>primero</strong>, ¿cómo se determina la capacidad y la necesidad de cada cual? <strong>Segundo</strong>, asumiendo que la capacidad pueda ser conocida, ¿cómo se asegura que todos rindamos al tope de nuestra capacidad y no nos escaqueamos? Y <strong>tercero</strong>, ¿cómo se coordinan las capacidades hoy con las necesidades futuras y viceversa? Vayamos por partes:</p>
<p><strong>(1)</strong> Es evidente que para llevar a la práctica la progresividad, hemos de <strong>objetivar de alguna forma la &#8220;capacidad&#8221; de cada uno</strong>. Y, una de dos, o nos miran la nómina o la cuenta corriente o nos hacen un test de aptitudes. Dado que lo segundo quedaría feo hoy en día, nos miran lo primero que además es más fácil. Pero claro,<strong> ¿se puede saber por el nivel de ingresos que ese es el máximo al que podría optar en ese preciso momento?</strong> ¿Podemos descartar el caso de alguien que ocupa un puesto de trabajo de inferior cualificación al que le correspondería, simplemente porque se ha hartado de que por cada euro extra que gana, casi la mitad se lo lleve el estado? Se me antoja complicado. ¿Podríamos identificar a ese alguien? No, si no hacemos el test que comentábamos antes, pero aparte de quedar mal, su eficacia sería limitada, dada la facilidad para ocultar las capacidades personales.</p>
<p>Es más, casi pondría la mano en el fuego por afirmar que aún existe en el conjunto de la población un potencial humano por explotar. Estoy convencido de que no hemos alcanzado el límite de nuestras posibilidades. Por lo tanto, la pregunta que me hago es, <strong>¿cómo sería el mundo si se pusiera en movimiento toda la capacidad humana que, desincentivada fiscalmente, permanece hoy quieta?</strong></p>
<p>Aquí cabría un argumento cuya respuesta no puedo eludir. Sería el de que el &#8220;beneficio social&#8221; que nos proporciona el actual sistema progresivo sería superior a la supuesta &#8220;capacidad desaprovechada&#8221; que, por otro lado, beneficiaría sólo a un individuo. Bien, pues yo digo por un lado que no podemos saber el balance de &#8220;beneficios&#8221; porque no sabemos qué podría surgir de esa capacidad; por otro lado cuestiono que se pueda medir el &#8220;beneficio social&#8221;, dado que con los impuestos no sólo se financian servicios que sirven a todos sino que hay mucha concesión a &#8220;buscadores de rentas&#8221;, esto es subvenciones y transferencias a colectivos específicos y grupos de presión -sin contar los gastos suntuarios de nuestros políticos que sólo les benefician a ellos; y, finalmente, que para que alguien obtenga beneficios en su actividad mercantil, debe acertar con lo que necesitan realmente los consumidores, satisfaciéndole su necesidad y, por lo tanto, generando un beneficio social claro.</p>
<p><strong>(2)</strong> El segundo punto creo que es más claro de entender una vez que se ha puesto de manifiesto. Esto es, asumiendo que las capacidades de cada uno estuvieran dadas y fueran conocidas, <strong>¿cómo conseguimos que alguien acepte, de acuerdo a su capacidad, un puesto de trabajo mejor remunerado pero que requiere mayor dedicación, si éste no quiere porque valora más su tiempo de ocio?</strong> Ya se ve que sólo podríamos lograrlo o bien incentivándolo, es decir, pagándole más -o cobrándole menos impuestos- hasta que el valor que le concede a la pasta extra -más bien a lo que puede comprar con ella- sea mayor que su apreciación subjetiva del tiempo que dedica al esparcimiento, o bien obligándole a hacerlo, amenazándole con la cárcel si no lo hace. En el primer caso, nos estaríamos cargando el propio sistema progresivo. En el segundo nos retrotraeríamos al mismísimo <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pol_Pot">régimen de Pol Pot</a>.</p>
<p><strong>(3)</strong> El último punto es una tercera derivada, y por lo tanto, más difícil de ver, pero que no deberíamos obviar. Se trata de que hay que considerar el elemento temporal: <strong>ni las capacidades ni las necesidades son estáticas y, por lo tanto, fijas a lo largo del tiempo</strong>. Esto lo sabemos, y sabemos también que a ciertas edades tenemos unas capacidades y unas necesidades dadas pero que a medida que envejecemos, nuestra capacidad disminuye inevitablemente al tiempo que aumentan nuestras necesidades. Pues bien, el sistema progresivo ignora este hecho y en cada momento temporal trata a las personas como si no existiera el mañana. De este modo, sólo se preocupa de atender a las necesidades de los mayores de hoy con las capacidades de los jóvenes de hoy. ¿Y mañana cuando esos jóvenes sean mayores? Bueno, eso es el largo plazo y a largo plazo, todos muertos, como dijo Keynes. Quiero decir con esto, que el sistema progresivo rompe toda coordinación intertemporal que uno pueda realizar a título particular. Pues mi largo plazo sólo me preocupa a mí, ya que <strong>al político le entra la risa si le preguntamos por dentro de 30 años</strong> -salvo que de su propia pensión se trate, claro. Y a nadie se le puede pedir que se fíe de alguien que ni siquiera conoce quién será: el futuro político en el poder encargado de administrar la redistribución dentro de 30 años.</p>
<p>En definitiva, que en mi opinión <strong>el sistema fiscal progresivo no se sostiene racionalmente</strong>.  Ahora bien, por otro lado, me pregunto por qué, siendo así, la gran mayoría de las personas se encuentran cómodos en este sistema y no se quejan. Sólo se me ocurren dos explicaciones: <strong>envidia o complejo</strong>.</p>
<p>La primera se basa en que siempre habrá alguien que gane más que nosotros -a<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Forbes"> no ser que nos llamemos Carlos Slim</a>-, y por nuestra naturaleza envidiosa, no nos importa pagar un poquito más siempre que al &#8220;mardito ricachón&#8221; que gana más que nosotros le dan un palo mayor.  La segunda explicación no deja de ser menos perversa: si me quejo es porque gano mucho y como eso está mal visto, pues tengo todo el incentivo a callarme y sufrirlo en silencio. Y contra esto, junto con el pensamiento premasticado, es contra lo que me rebelo.</p>
<p>Me carga mucho, admito, la respuesta típica de &#8220;pues si te quejas porque pagas mucho es porque que ganas mucho&#8221; -dígase además con el tono ese con el que los niños se chinchan unos a otros en el patio del colegio. Si no fuera porque me eduqué en los Maristas, le respondería en tono desabrido: &#8220;¿Qué sabrás tú lo que pago o dejo de pagar o gano o dejo de ganar?&#8221;. Porque cualquier dinero malgastado -y considero que gran parte de los impuestos se malgastan- me va a parecer mucho, sean 10€, 1.000€ o 1.000.000€. Pero, en todo caso, y si ganara mucho, ¿qué? ¿Sería un criminal por ello? ¿Hay algo malvado en esforzarse, trabajar duro, preocuparse por hacer las cosas bien, tener afán de superación, estar un poco espabilado para darse cuenta de las oportunidades que nos ofrece la vida y ser lo suficientemente vivo para aprovecharlas? No, ¿verdad?</p>
<p>Y es que en nuestra vieja sociedad europea (y esto daría para otra entrada), parece que ganar dinero es algo de lo que haya que avergonzarse. Yo más bien pienso como los americanos, que debería ser motivo de orgullo -huelga decir que siempre y cuando se haya ganado honradamente. A fin de cuentas, tener éxito en lo profesional y, por tanto, en lo económico, no es sino la consecuencia lógica de haber trabajado duro, haber hecho las cosas bien y, concretamente, haber satisfecho mejor que nadie en el mercado las necesidades de los consumidores.</p>
<p>Pero a veces pienso que en nuestro país envidiamos más la gente a la que le toca el gordo de la lotería de Navidad y lo celebra, botella de Carta Nevada en mano, a la puerta de la administración de lotería, que quienes llevan toda una vida trabajando y han tenido la perspicacia para acertar en los negocios y enriquecerse, a la par que han creado puestos de trabajo. Quizás los orígenes de ambos grupos fueran humildes, pero en los primeros es como si un acto de &#8220;justicia poética&#8221; fuera lo que les hiciera ricos, mientras que en los segundos, es la mezquina ley de mercado -y Dios sabe qué otros crímenes- la que les convierte en millonarios. A los primeros les tenemos envidia sana; a los segundos, de la mala.  Y quizás por eso se piense que la progresividad de los impuestos en el fondo no está tan mal&#8230;
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		<title>Omnis honesta ratio esset expediendae salutis - Por qué es éticamente lícito intentar pagar los menos impuestos que uno pueda o la optimización fiscal como legítima defensa</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Sep 2010 20:50:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
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<p>Y aunque lo digo medio en broma medio en serio, en realidad comparto con ellos un razonamiento fruto de un cierto ejercicio de reflexión. Estos argumentos son los que quiero compartir aquí en esta ocasión, ya que <strong>el tema de los impuestos vuelve a estar tristemente de moda</strong>. Lo que intento es combatir la supuesta moral que condena a quien deja de pagar impuestos por cometer un crimen contra toda la sociedad, que para la progresía imperante es peor que un delito de lesa humanidad.</p>
<p>No sé si lograré convencer a alguien, porque la propaganda del <strong>&#8220;Hacienda somos todos&#8221;</strong> ha calado hondo en nuestros espíritus y a nadie parece importarle mucho que, aunque Hacienda seamos todos, algunos lo son/somos más que otros. No obstante, me conformaré al menos con que se reflexione un poquito y no se compre a la primera la mercancía prefabricada.</p>
<p>Pero antes de que se me acuse de incitar al delito fiscal, quiero dejar claro un tema:<strong> considerar que un comportamiento esté éticamente justificado no implica necesariamente que éste sea legal</strong>. Lo que es legal es legal y lo que es ilegal es ilegal, nos guste o no. Allá cada uno con el nivel de riesgo que esté dispuesto a asumir para defender lo que es suyo -sí, suyo.</p>
<p>Porque otra cuestión bien distinta es dónde situar la barrera que marca cuando pasamos de una &#8220;planificación fiscal agresiva&#8221; a un fraude de ley o, directamente, a la evasión de impuestos. Esto no es ni mucho menos evidente y, de hecho, nuestros amigos ingleses, con la finura lingüística que les caracteriza, tienen toda una literatura jurídica y jurisprudencial para <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Tax_avoidance_and_tax_evasion">distinguir entre &#8220;</a><em><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Tax_avoidance_and_tax_evasion">tax avoidance</a></em><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Tax_avoidance_and_tax_evasion">&#8220;, o mucho mas sugerente, &#8220;</a><em><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Tax_avoidance_and_tax_evasion">tax mitigation</a></em><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Tax_avoidance_and_tax_evasion">&#8221; -lo legal- de &#8220;t</a><em><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Tax_avoidance_and_tax_evasion">ax evasión</a></em><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Tax_avoidance_and_tax_evasion">&#8221; -lo ilegal</a>. Los españoles, que para esto somos un poco más brutos, hablamos simplemente de evasión de impuestos y con esto le colgamos el <em>sanbenito</em> a cualquiera que simplemente quiera defender su propiedad privada.</p>
<p>Ya se ve que algo, por ser ilegal, no necesariamente tiene que ser inmoral y viceversa, un comportamiento legal puede ser tachado de inmoral en según qué esquemas éticos -como ejemplo, la consabida cantinela de que <a href="http://antonioespana.es/2009/09/impuestos-sicav-ricos-mito.html">los ricos, ricos de verdad, no pagan impuestos</a>.</p>
<p>En cualquier caso, no quiero iniciar un nuevo debate filosófico-político sobre la relación entre ley y ética y mucho menos abrir ahora el melón sobre la existencia de una ética objetiva -si a alguien le interesa ese debate, le recomiendo que lea <a href="http://www.unioneditorial.co.uk/index.php?page=shop.product_details&amp;flypage=shop.flypage&amp;product_id=273&amp;category_id=24&amp;option=com_virtuemart&amp;Itemid=27">&#8220;La ética de la libertad&#8221; </a>de <a href="http://mises.org/about/3249">Murray N. Rothbard</a>.</p>
<p>Lo que quiero -y claramente no consigo- es centrarme en mi tema de hoy:<strong> la justificación ética para, permitáseme el eufemismo, optimizar los pagos al estado en concepto de impuestos</strong>.</p>
<p>El razonamiento lo resumo en estos cuatro puntos que luego elaboraré:<strong> (1) </strong><strong>los impuestos son el resultado de la coacción del estado</strong> que, bajo la amenaza del ejercicio de la violencia física, nos fuerza a entregarle una parte arbitraria de nuestra propiedad privada, y la emplea en usos que son igualmente arbitrarios y discrecionales. <strong>(2)</strong> <strong>La propiedad privada es la institución humana más importante</strong>, y el derecho a su protección solamente es superado en importancia  por el derecho a la vida y a la libertad. <strong>(3) </strong>Tanto es así que, defender lo que es propio de uno es tanto como defenderse a sí mismo. Puede decirse que <strong>la defensa de la propiedad es un acto de legítima defensa</strong> o, lo que es lo mismo, es moral ejercer cualquier acción -incluso si es violenta- para defenderse la integridad física de uno mismo, y de sus posesiones. <strong>(4) </strong>Por lo tanto, podemos considerar <strong>las acciones orientadas a minimizar el pago de impuestos como un gesto de defensa propia que está éticamente justificado</strong>.</p>
<p><strong>(1)</strong> Los impuestos, como su propio nombre indica, son una <strong>acción impuesta por un grupo de personas sobre alguien</strong>. Es verdad que los impuestos los pagamos voluntariamente sin que venga el señor de Hacienda físicamente a nuestra casa, pistola en mano, para recaudar. En general, la mayor parte la pagamos con la anestesia de la retención en nómina. Como el dinero no llega a entrar en el bolsillo, parece que nos doliera menos pagarlo y no tenemos la sensación de estar obligados a hacerlo. Si resulta que, pese a las retenciones, la declaración nos sale a pagar, entonces sí que pesa sobre nosotros la obligación de ingresar en las arcas de Hacienda, si bien la cantidad suele ser pequeña en relación con lo que hemos ido dejando de recibir a lo largo del año -y si nos sale a devolver, ilusos de nosotros, nos ponemos muy contentos sin darnos cuenta de que nos devuelven una fracción mínima de lo que ya se han quedado.</p>
<p>Aún así, cuando nos toca pagar voluntariamente, en realidad lo hacemos porque pende sobre nosotros la amenaza de que nos envíen al señor recaudador acompañado de una pareja de la Guardia Civil y, no sólo nos quitará el dinero que teníamos que haber pagado, sino que nos quitará más por el hecho de que se tenga que tomar la molestia de venir. Y, si es mucho, además, nos encerrará. El hecho de que no suela haber violencia, como ocurre en la imagen que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en los recaudadores de impuestos medievales, no implica que, en última instancia, no exista una amenaza de la misma.</p>
<p>He tachado la palabra voluntariamente porque ya se ve que éste es muy diferente del caso en el que pedimos que nos descuenten de la nómina el seguro de salud o el fondo de pensiones privado, o pagamos nuestra cuota a una <em>oenegé</em> o contribuimos a Cáritas. Se parece más al del carterista que nos levanta la cartera en el metro sin que nos enteremos, o al atracador que amablemente <a href="http://www.elconfidencial.com/espana/zapatero-sociedad-arrime-hombro-subida-impuestos-20100926-69868.html">nos pide un esfuerzo mientras nos encañona con su pipa</a>. No creo que esto tenga mucho que ver con la solidaridad. Por eso, no es casualidad que se llamen impuestos, ¿no?</p>
<p><strong>(2)</strong> Sobre la <strong>propiedad privada</strong>, podría escribir cientos de entradas, pues el tema da para varias tesis doctorales. Sobre su importancia, decía <a href="http://bastiat.org/">Bastiat</a> que &#8220;<em>la propiedad es la verdad y la justicia misma y que lo que lleva en su seno es el principio del progreso y de la vida</em>&#8220;. Y no exageraba el economista francés la importancia de esta institución casi tan antigua como el hombre y que está estrechamente ligada a la libertad. En efecto, el mismo autor se preguntaba si</p>
<blockquote><p>se puede concebir la noción de &#8220;propiedad&#8221; sin libertad. ¿Soy propietario de mis obras, de mis facultades, de mi fuerza, si no puedo emplearlas en prestar &#8220;servicios&#8221; aceptados voluntariamente? (&#8230;) Y si la libertad padece detrimento, ¿no es la propiedad la que experimenta el daño?</p></blockquote>
<p>O, por ejemplo, Lord Acton -el que acuño la célebre frase de &#8220;el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente&#8221;- sostenía que &#8220;<em>un pueblo contrario a la institución de la propiedad privada carece del primer elemento de la libertad</em>&#8221; o, más tarde, nuestro habitual <a href="http://www.google.es/custom?hl=es&amp;safe=active&amp;client=pub-9907123729195536&amp;cof=FORID:13;AH:left;S:http://antonio-espana.es;CX:Motor%2520de%2520b%25C3%25BAsqueda%2520de%2520blog;L:http://antonio-espana.es/wordpress/wp-content/images/AntonioEspa%25F1a%25202%2520white.jpg;LH:50;T:%23666666;LC:%2300749e;GALT:%2300749e;DIV:%23dadada;&amp;adkw=AELymgV_yUSEIbzuEudQzmn1QtLuGvpQKj-nnxlNDMKeuGr5Zr71ZtkA37k5yBSEWn1e5AYiIaGstNB6SH4jjzlddi3_zG0p1FF5HxYShZ0vJa8W347ngGA&amp;channel=8020288580&amp;boostcse=0&amp;ie=ISO-8859-1&amp;oe=ISO-8859-1&amp;q=hayek&amp;btnG=Buscar&amp;cx=partner-pub-9907123729195536:94w9e8-hk8q">Hayek</a>, mantendría en &#8220;<a href="http://antonioespana.es/biblioteca/friedrich-a-hayek/los-fundamentos-de-la-libertad/">Los fundamentos de la libertad</a>&#8221; que el reconocimiento de la propiedad supone un primer paso en la delimitación de la esfera privada que nos protege contra la coacción:</p>
<blockquote><p>El reconocimiento de la propiedad privada constituye, pues, una condición esencial para impedir la coacción, aunque de ninguna manera sea la única. Raramente nos hallamos en condiciones de llevar a cabo un plan de acción coherente a menos que poseamos la seguridad del control exclusivo de algunos objetos materiales, y donde no los controlemos, es necesario que sepamos quién lo hace si hemos de colaborar con los demás.</p></blockquote>
<p>Tanto es así que Rothbard -que ya hemos mencionado antes- identificó directamente los &#8220;derechos humanos&#8221; con derechos de propiedad. Y lo hizo en dos sentidos:</p>
<blockquote><p>uno, que la propiedad <em>sólo</em> puede atribuirse a los seres humanos, de modo que una persona tiene derechos de propiedad precisamente porque es humano. Y dos, que el derecho de la persona sobre su propio cuerpo, su libertad personal, es tanto un derecho de propiedad sobre su persona como un &#8220;derecho humano&#8221;.</p></blockquote>
<p><strong>(3)</strong> Siendo esto así, del punto anterior se desprende casi automáticamente que <strong>cualquier ataque contra la propiedad privada de un individuo, es un ataque contra su libertad</strong>. Es decir, la propiedad de un bien únicamente me la pueden quitar o mediante la coacción -a punta de pistola- o mediante el engaño. En ambos casos me están impidiendo actuar libremente sobre mis posesiones y, por lo tanto, en ambos casos se está agrediendo a mi libertad y a mi persona. Por eso digo que cualquier acción defensiva que esté orientada a evitar el expolio de mis bienes, es un acto de <strong>legítima defensa</strong>.</p>
<p>En efecto, la propiedad sólo puedo adquirirla, que yo sepa, de tres maneras: cogiendo lo que no es de nadie -y siendo el primero en reclamarlo-, quitándoselo a otro mediante la violencia o la amenaza de ejercerla, o mediante la cesión voluntaria por parte del antiguo propietario, generalmente a cambio de algo que yo le doy a cambio -y que él subjetivamente valora más que lo que me da a mí. Es evidente que a estas alturas de la película, el primer procedimiento es meramente excepcional -cuando nos encontramos un billete de 5€ en la calle, por ejemplo- y el segundo es un coto reservado a ladronzuelos y políticos -los primeros lo hacen con riesgo de que les pillen y les enchironen y los segundos, dentro de ciertos límites, lo hacen legalmente por la vía de los impuestos y la expropiación. Nos queda por tanto, el tercer procedimiento como el más frecuente, que no es otro que el del libre intercambio comercial en el mercado de bienes y servicios -aunque a veces también cedemos la propiedad a cambio de nada, como cuando hacemos regalos o ayudamos al prójimo de forma altruista y voluntaria.</p>
<p>De este modo, dado que lo que es mío es mío, porque me lo he ganado con mi esfuerzo y mi trabajo, y eso no lo puede negar nadie, es evidente que no cabe el primer procedimiento. De los otros dos, dependerá del caso, pero no es menos evidente que si no es voluntario -entendiendo por voluntario, insisto, la total ausencia de coacción- entonces es violento -aunque sea mera amenaza, y si es violento, significa que me juego mi libertad, que es lo mismo que decir que mi integridad física -porque si me niego a dar la bolsa, me quitan la vida, o si me encierran en la cárcel e intento escaparme, el de la torreta de vigilancia me apuntará con el foco y me freirá tiros para que no me vaya. ¿Se ve claro el argumento de la legítima defensa?</p>
<p>Hombre, dirá mi amigo intervencionista, no me comparés a un atracador de bancos con el estado. El primero actúa buscando el beneficio personal y el segundo en beneficio de la sociedad. El estado somos todos. Hacienda somos todos.</p>
<p><em>So what?</em> Le respondo yo, ¿es que acaso que sean muchos, muchísimos, los que atacan mi propiedad, de alguna manera legitima el crímen? Y si deciden quitármelo todo, y despojarme de todas mis pertenencias, ¿también están legitimados porque es la sociedad lo que lo quiere así? Y si lo que quieren es pasarme por las armas por ser liberal, ¿también su acción será buena porque es democrática?</p>
<p>Puede que sea un exagerado, pero ¿dónde ponemos el límite? ¿En qué momento lo que se decide por mayoría -o más bien lo que se decide por una panda de políticos que a su vez han sido elegidos por una mayoría, a menudo diversa como es el caso en España, donde el gobierno ha de pactar ora con unos, ora con otros- dejar de ser legítimo para convertirse en un crimen contra la humanidad?</p>
<p>Claro que recibimos algo a cambio de nuestros impuestos. Es evidente que sí y habrá una parte que cedería gustoso y voluntariamente al estado, de la misma manera que pago la cuota de la comunidad de vecinos. Pero creo que todo el mundo aceptará que el nivel de gasto de nuestros políticos y burócratas excede con mucho lo necesario y lo voluntario. Y si no, no hay más que echar un vistazo a cualquier relación de subvenciones pagadas con mi dinero, fastos estatales varios, viajes oficiales -en los que nuestros gobernantes, además hacen el ridículo-, ministerios absurdos, sueldos y dietas de compañeros sentimentales de ministras, coches oficiales, etc. Y ahí, querido amigo partidario del estado grande, ahí hasta tú convendrás conmigo que ese dinero te lo sacan con calzador. ¿O no?</p>
<p><strong>(4)</strong> Dicho lo cual, me considero absolutamente <strong>legitimado ante mis congéneres para buscar la forma de pagar los menos impuestos posibles</strong> que cumpla con mis condicionantes. Así, puedo decidir limitarme a jugar con el sistema manteniéndome dentro de la legalidad, o puedo arriesgarme a quedarme fuera de la ley y rezar por acertar en el cálculo de probabilidades -en el caso de que un inspector de Hacienda lea esta entrada, la probabilidad de una inspección me da que será alta. O también puedo ponerme en huelga al estilo de <a href="http://antonioespana.es/biblioteca/ayn-rand/la-rebelion-de-atlas/">John Galt</a>, y buscarme un trabajo muy por debajo de mis capacidades, en el que me paguen menos y, por lo tanto, pague mucho menos por aquello de la proporcionalidad.</p>
<p>Porque esa es otra, en nuestros sistemas fiscales occidentales progresivos, en los que el que más gana no sólo paga más proporcionalmente -que tampoco tendría sentido ni sería justo- sino que paga más que proporcionalmente, se da la paradoja que uno puede perder todo incentivo a esforzarse un poco más para ganar más si es que resulta que por cada euro extra que saque del sudor de su frente, el amigo de Hacienda se queda con la mitad. Y entonces, ¿cómo se come la nefasta máxima del &#8220;de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad&#8221;? ¿Cómo sabe el señor estado que lo estoy dando todo? ¿Y si lo sabe y lo sospecha, me puede obligar a buscar un empleo mejor? Nos vamos pues, cuesta abajo por el camino de servidumbre de Hayek -y ello sin entrar a discutir lo mismo para conocer la necesidad de cada uno.</p>
<p>Así que, mientras Hacienda lo seamos unos más que otros para unas cosas, y menos para otras, seguiré pensando que está completamente justificado el rebelarse contra el sistema. He dado mis motivos, que espero se entiendan aunque no se compartan. Estos motivos son los que me llevan a que no vea nada malvado en los paraísos fiscales -ni que los haya ni los que se refugian en ellos-, pues otro gallo nos cantaría si hubiera competencia entre los gobiernos. Tampoco veo mal la competencia entre comunidades autónomas en materia fiscal, ni que <a href="http://www.cotizalia.com/en-exclusiva/ricos-acaba-chollo-dinero-sicavs-tributar-20100925-58645.html">los ricos de verdad se busquen la vida para proteger su patrimonio</a> de la voracidad de los verdaderos parásitos estatales -¿qué pasaría si al bueno de Amancio Ortega se le hincharan las narices de que le colocaran la única foto que se ha hecho en su vida siempre que se habla de SICAVs y lo poco que paga al fisco, y desapareciera como hizo Ellis Wyatt en &#8220;La rebelión de Atlas&#8221;, harto de todos los Wesley Mouch y Bertrand Scudder del mundo?</p>
<p>Mientras no se pueda identificar claramente el uso que se le da a cada euro que pago de impuestos, y determinar que se trata de usos adecuados y razonables, consideraré la obligación fiscal como un atentado contra la propiedad privada y, por lo tanto, reconoceré el derecho, siquiera sea únicamente moral, a defenderse de la agresión.</p>
<p><span class="footnote"><strong>Nota sobre el título</strong>: Se trata de un fragmento del <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Pro_Milone">discurso de Cicerón como defensor de Milo en el juicio a éste por asesinato</a>. En esta sección, Cicerón aludía al derecho de legítima defensa como una ley natural, no escrita ni aprendida ni heredada, que establece que en caso de estar nuestra vida en peligro, por la violencia ejercida contra nosotros o por la amenaza de las armas de ladrones o enemigos, <strong>cualquier manera de asegurar nuestra integridad es honorable</strong>. El texto en negrita es una traducción más o menos libre del título de la entrada. El fragmento completo en latín sería este:  &#8221;<em>Insidiatori vero et latroni quae potest inferri iniusta nex? Quid comitatus nostri, quid gladii volunt? quos habere certe non liceret, si uti illis nullo pacto liceret. Est igitur haec, iudices, non scripta, sed nata lex; quam non didicimus, accepimus, legimus, verum ex natura ipsa adripuimus, hausimus, expressimus; ad quam non docti sed facti, non instituti sed imbuti sumus, —ut, si vita nostra in aliquas insidias, si in vim et in tela aut latronum aut inimicorum incidisset, <strong>omnis honesta ratio esset expediendae salutis</strong>.</em>&#8220;</span>
<ul>Si te ha gustado, a lo mejor te puede interesar:
<li><a href="http://antonioespana.es/2010/10/iustitia-est-constans-et-perpetua-voluntas-ius-suum-cuique-tribuendi.html" rel="bookmark" title="5/10/2010">Iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi</a> &#8211; Crítica de la progresividad fiscal o el mito del &#8220;De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades&#8221;. <em>Etiquetas: economía, impuestos, IRPF, Marx, progresividad fiscal</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2010/10/sistema-fiscal-alternativo.html" rel="bookmark" title="20/10/2010">In hac quoque diversitate aequalitatis ratio servata est</a> &#8211; Propuesta de un sistema fiscal basado en un presupuesto de gasto e inversión bottom-up de base cero, con reparto de la carga a partes iguales entre los ciudadanos (tipo comunidad de vecinos o club social).. <em>Etiquetas: economía, fiscalidad, Impuesto de Sociedades, impuestos, IRPF</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2009/09/presion_fiscal.html" rel="bookmark" title="13/9/2009">Dominus dedit, Dominus abstulit…, sit nomen Domini benedictum</a> &#8211; Análisis de la presión fiscal real en un contexto de subida de impuestos. <em>Etiquetas: David Ricardo, economía, fiscalidad, Impuesto de Sociedades, impuestos, IRPF, IVA</em></li>
</ul>
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		<title>Hic solanum lycopersicum est - Explicación de la diferencia en el precio del tomate de la huerta a la frutería. Desmontando el mito de los reportajes de la TV</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jan 2010 21:55:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
				<category><![CDATA[libertad]]></category>
		<category><![CDATA[agricultura]]></category>
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		<description><![CDATA[Cada cierto tiempo, y de forma periódica suele aparecer en los medios el tema de la diferencia entre el precio que pagamos los consumidores por los productos agrícolas -por alguna extraña razón, suele utilizarse siempre el tomate como ejemplo- y el precio que cobra el agricultor por los mismos. Como por ejemplo, el interesante reportaje [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2010/01/Tomate.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-720" title="Tomate" src="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2010/01/Tomate-300x294.jpg" alt="" width="240" height="235" /></a><span class="dropcaps">C</span>ada cierto tiempo, y de forma periódica suele aparecer en los medios el tema de<strong> la diferencia entre el precio que pagamos los consumidores por los productos agrícolas</strong> -por alguna extraña razón, suele utilizarse siempre el tomate como ejemplo- <strong>y el precio que cobra el agricultor por los mismos</strong>. Como por ejemplo, el interesante reportaje del miércoles pasado<a href="http://www.rtve.es/alacarta/player/673542.html" target="_blank"> &#8220;Aquí hay mucho tomate&#8221; de Comando Actualidad en TVE1</a>.</p>
<p>En general todos nos escandalizamos de la <strong>tremenda diferencia</strong> entre ambos ya que, según <a href="http://www.mapa.es/es/estadistica/pags/PreciosOrigenDestino/precios.htm">datos del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino</a>, en el periodo de 2004 a 2009 el precio en destino -frutería, súper, etc.- ha sido entre el doble y ocho veces superior al precio en origen -en la huerta, el almacén de la cooperativa o la alhóndiga. Es decir, que <strong>mientras el kg de tomate, por ejemplo se pagó en 2009 a una media de 2€ el kg en la tienda de la esquina, el hortelano no sacó más de medio euro.</strong></p>
<p>Como no me gusta hablar a la ligera y, soy de naturaleza escéptico con las noticias que aparecen en prensa, he buscado alguna fuente algo más precisa que un reportero de la primera cadena hablando con un puñado de representantes de las diferentes etapas de la cadena. Y he encontrado las estadísticas gubernamentales de las que he sacado el dato anterior. También he podido comparar la evolución de los precios, tanto en origen y destino como en los mercados mayoristas tipo Mercamadrid, Mercamálaga, etc. (y que es lo que va justo antes de la tienda). El resultado es la siguiente gráfica:</p>
<div id="attachment_727" class="wp-caption aligncenter" style="width: 540px"><a href="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2010/01/Evolucion_precio_tomate1.png"><img class="size-large wp-image-727     " style="border: 0px initial initial;" title="Evolucion_precio_tomate" src="http://antonioespana.es/wordpress/wp-content/uploads/2010/01/Evolucion_precio_tomate1-1024x628.png" alt="Evolución del precio del tomate 2004-2009. Precios en origen, mayorista y minorista" width="530" height="325" /></a><p class="wp-caption-text">Fuente: Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. </p></div>
<p>Aparte de los picos estivales -que coinciden con la época de los gazpachos y las ensaladas fresquitas-, se aprecia la diferencia de precios mencionada y, además, que la volatilidad de los precios en la venta al detall es bastante menor que aguas arriba en la cadena de valor. Así, mientras la desviación estándar -función estadística que mide la dispersión de los datos- es un 37% y un 30% de la media en origen y en venta al por mayor respectivamente, en el comercio es sólo un 14%. Esta diferencia tiene su explicación en el número de agentes interviniendo en el mercado -a mayor número de agentes, menor es la volatilidad. Por otro lado, podemos ver también cómo los precios se han mantenido relativamente estables -aunque se aprecia la bajada en el 2009 debido a la contracción de la demanda por la crisis.</p>
<p>Aunque lo que más nos interesa ahora mismo es <strong>la diferencia de precios</strong>, porque precisamente debido a esto se escuchan todo tipo de llantos y lamentos, de gente del campo y urbanitas, a quienes les parece una tremenda <strong>injusticia</strong>. A fin de cuentas, el agricultor es el que se levanta a las 5 de la mañana a arar el terreno, sembrar y recoger el fruto, mientras que el tendero y los intermediarios no hacen sino aprovecharse de su duro trabajo&#8230; <strong>¿pero es esto realmente así?</strong></p>
<p>Yo creo que no, y por un motivo fundamental: que <strong>no estamos comparando los precios del mismo producto</strong>. ¿¡Cómo!? Dirá el sufrido lector&#8230; a ver un tomate es un tomate, en la huerta o en la frutería del barrio&#8230; ¿cómo es posible que digas que son productos diferentes? Pues sí, querido lector, lo digo y lo mantengo. El error es bastante común, y se debe a una concepción objetivista de la economía, cuando <strong>la economía es fundamentalmente </strong><strong>subjetiva</strong>.</p>
<p>Efectivamente, el tomate objetivamente es el mismo en un sitio que otro, más o menos sucio, más o menos maduro, con más o menos golpes, la verdad es que la estructura molecular es la misma, sus propiedades organolépticas de sabor, color, olor, textura, grado de dureza o blandura, etc. son aproximadamente también idénticas. ¿Entonces? Pues que el producto es algo más que eso. <strong>Un producto no lo definen sus propiedades físicas</strong> -ni una ficha elaborada por ningún Product Manager-, <strong>u</strong><strong>n producto lo define y diferencia de otro, las consideraciones subjetivas del consumidor</strong>.</p>
<p>Es decir, soy yo, el consumidor, el que decido en un momento dado si un huevo frito con patatas en mi casa es o no el mismo producto que unos huevos estrellados en Casa Lucio de Madrid, o que una lata de Coca Cola es o no el mismo producto que un botellín de agua. Claro, nadie se sorprende de que un poco de agua, azúcar y unos extractos cuyo coste es irrisorio, se paguen unas cuantas veces más caros una vez convertidos en Coca Cola. Seguramente porque es evidente que hay un proceso de producción que, de alguna manera, le &#8220;añade valor&#8221; al producto. Pero el tomate, ¡ah! amigo, el tomate es diferente. Ahí no hay proceso que valga. ¿Seguro? Veremos cómo no existe tal diferencia.</p>
<p>Generalmente, se tiende a <strong>explicar la diferencia de precios</strong> recurriendo a la cadena valor, <strong>p</strong><strong>artiendo del origen hasta llegar al consumidor</strong>. Es decir, nos vamos al invernadero en Almería, preguntamos por el precio del tomate al agricultor, que nos lo dice entre sollozos -nos estamos cargando el campo, así no se puede vivir y todo eso- y a partir de ahí le vamos sumando costes de transporte, envasados varios, comisiones de intermediación, etc. Evidentemente, en cada paso de la cadena, se continúan oyendo las lamentaciones, cargando todos contra el siguiente, que es el que se está forrando a su costa. Hasta llegar al sufrido consumidor que, evidentemente, también se queja de cómo está el tomate de caro. Este es el camino que hace el periodista de Comando Actualidad, que en un alarde de reporterismo hace el mismo recorrido que nuestro rojo protagonista en el interesante programa.</p>
<p>El problema está en que <strong>sigue el camino equivocado</strong>, al igual que lo hacen todos los estudios y análisis que se suelen ver por ahí -alguno de ellos, bastante interesante, se puede consultar en la propia web del Ministerio, pagado con dinero de todos. Esto se debe al <strong>error muy extendido de considerar que los precios dependen de los costes</strong>. Claro, si esto fuera así en realidad, este sería el recorrido correcto, según el cuál llegaríamos a resultados coherentes. Pero ¿qué ocurre? Que la realidad no es así sino al contrario y entonces, el camino seguido nos lleva a un callejón si salida. Y como no entendemos que ocurre, terminamos diciendo que es <strong>injusto o irracional </strong>(¡quién no va a decir que es irracional que el precio de la misma &#8220;cosa&#8221; se multiplique por ocho!).</p>
<p>Pero como decía, es justamente al contrario: <strong>son los precios, los que realmente determinan los costes</strong>. No tengo espacio aquí para explicar por qué es así. Esta cuestión la dejo para los comentarios o para otro post si hay alguien interesado en que cuente por qué. De momento baste decir que es por culpa del <strong>error teórico de pensar que los costes fijan el precio</strong>, que hacemos el camino en sentido equivocado y, por lo tanto nos perdemos y no somos capaces de explicar las diferencias.</p>
<p>¿Qué ocurre <strong>si aplicamos la teoría correcta y partimos del precio final</strong>, del tomate en la frutería, justo antes de ser comprado por el consumidor? En este caso, habría que explicar también cómo se genera el precio final del tomate que, insisto, se determina aquí y no en las etapas previas. Como tengo las mismas limitaciones de espacio que en el párrafo anterior, he de conformarme con decir que éste es el resultado de las <strong>dobles valoraciones subjetivas del tomate y del dinero, tanto por el consumidor como por el frutero</strong>. Y de ahí hacia atrás entre el frutero y el mayorista -el frutero hará su valoración en función de cómo él piensa que pueda vender la mercancía, que dependerá de su previsión de la demanda-, entre el mayorista y el corredor, el corredor y la cooperativa, hasta llegar hasta el agricultor.</p>
<p>Pero volvamos al inicio verdadero de la secuencia lógica. Como consumidores, en la valoración subjetiva comentada, evaluamos el <strong>&#8220;producto tomate&#8221;</strong> (y también las cosas que renunciamos a comprar con el dinero que nos gastamos en la hortaliza). Y aquí está precisamente el quid de la cuestión. En el entrecomillado &#8220;producto tomate&#8221;.</p>
<p>Porque, ¿se parecen en algo los siguientes productos?</p>
<p><strong>(A)</strong>. Tomates vendidos en lotes de 1.500 kilos, empaquetados en cajas de varios kg cada una y apilados en palets, se recogen en la huerta a 300km de mi casa y, generalmente, sólo puedo comprar allí tomates (eso sí, a cascoporro).</p>
<p><strong>(B)</strong>. Tomates vendidos por unidades si lo deseo, por fracciones de kilo o por un número pequeño de kg -si los compro para hacer gazpacho-, a granel (como se vende el 90% de los tomates) o en bandejitas, a 100-200 metros de mi casa (a lo sumo 1-2km) y donde aparte de comprar los tomates, puedo comprar lechuga, cebolla, chuletas, una docena de huevos, el Fairy y bombillas incadescentes de respuesto -para hacerle la puñeta al Ministro de Energía. Y si quiero, hasta tomarme un café y una tostada.</p>
<p>Pues bien, estoy en casa y me planteo preparar un gazpacho, ¿en qué producto estoy pensando, en el A o en el B? ¿A que no es lo mismo?</p>
<p>Y<strong> si no son el mismo producto, ¿por qué comparamos los precios? </strong>Ya se ve que no tiene ningún sentido.</p>
<p>¿Por qué el agricultor no ofrece el producto B en vez del producto A si resulta que es un negocio tan lucrativo? ¿Se lo impide alguien? ¿Por qué no compramos el producto A para hacer el gazpacho si resulta que es tan barato? ¿Quién me lo impide -aparte de que con 1.500 kg de tomates me puedo hasta duchar con gazpacho?</p>
<p><span class="footnote"><strong>Nota:</strong> Como no podía ser de otra manera, el título en latín significa &#8220;Aquí hay tomate&#8221;. Evidentemente, en época de los romanos aún no se conocía el tomate, dado que éste lo trajimos los españoles de América. Aquí he utilizado el nombre científico del tomate silvestre. No obstante, por lo que he podido ver, aún hay debate sobre dónde ubicar al tomate, por lo que es posible encontrar alternativas.</span>
<ul>Si te ha gustado, a lo mejor te puede interesar:
<li><a href="http://antonioespana.es/2006/10/its-the-economy-stupid.html" rel="bookmark" title="14/10/2006">It&#8217;s the economy, stupid!</a> &#8211; . <em>Etiquetas: Adam Smith, economía</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2007/05/non-nova-sed-nove.html" rel="bookmark" title="20/5/2007">Non nova, sed nove</a> &#8211; . <em>Etiquetas: copyright, economía</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2007/01/the-lion-is-not-so-fierce-as-they-paint-him.html" rel="bookmark" title="3/1/2007">The lion is not so fierce as they paint him</a> &#8211; . <em>Etiquetas: economía, Navidad</em></li>
</ul>
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