elysium

Artículo en El Confidencial: El verdadero origen de la desigualdad

Posiblemente han visto ustedes la película de 2013 dirigida por Neill Blomkamp, ‘Elysium’. Ambientada en 2154, el filme es una distopía que muestra un planeta superpoblado, preso de la miseria y la contaminación, alrededor del cual orbita una estación espacial que da nombre al filme y en la que reside un grupo de privilegiados. Protagonizada por Matt Damon y Jodie Foster, se trata de una pieza de propaganda en contra de la desigualdad en un mundo dirigido por élites gubernamentales y grandes corporaciones, donde el 1% vive en condiciones muy superiores a las del 99%. Pues bien, aunque seguramente la intención del director era muy diferente, la cinta ilustra a dónde nos conduce el actual sistema monetario en manos de políticos y el incesante aumento del dinero creado ‘ex nihilo’, que acrecienta la desigualdad.

I am legend

Artículo en El Confidencial: La peligrosa mutación de los tipos

Probablemente han visto la película norteamericana dirigida por Francis Lawrence, y estrenada en 2007, ‘Soy leyenda’. Se trata de un filme del género posapocalíptico, en el que Will Smith interpreta al coronel y virólogo Robert Neville. El médico militar es, aparentemente, el único superviviente de una epidemia causada por una mutación genética producida en un laboratorio de un virus que inicialmente pretendía ser la cura contra el cáncer. Pues bien, algo similar –aunque esperemos que no tan catastrófico– ocurre con la actuación de los bancos centrales y su lucha contra la enfermedad económica de nuestro tiempo: la falta de crecimiento. Como Emma Thompson en el papel de la doctora Kripin, Mario Draghi persigue el bien manipulando algo que no comprende del todo, con consecuencias imprevistas y resultado opuesto al deseado.

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Artículo en El Confidencial: Bancos Centrales, rehenes de su propia burbuja

Probablemente conocen ustedes la historia de aquel hombre que, de madrugada, buscaba algo en el suelo junto a una farola. Un transeúnte pasaba por allí y decidió ayudarle tras explicarle aquél que había perdido las llaves de su casa. Después de un rato de búsqueda infructuosa, le preguntó si estaba seguro de que se le habían caído allí. El primero contestó que no, que en realidad no tenía ni idea de dónde las había perdido pero que allí, bajo la farola, al menos había luz y se buscaba mejor. Pues bien, algo parecido ocurre con los bancos centrales, plagados de economistas con complejo de físicos y empeñados en resolver la crisis económica y financiera con sus modelos matemáticos y cautivos de su propio razonamiento circular.