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	<title>Antonio España &#187; Santiago Álvarez de Mon</title>
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	<description>blog &#124; opinión &#124; libertad &#124; personas &#124;</description>
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		<title>Promissio parit debitum</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Sep 2007 11:50:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
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		<category><![CDATA[compromiso]]></category>
		<category><![CDATA[empresa]]></category>
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		<description><![CDATA[Nos lanza el profesor Álvarez de Mon una batería de preguntas en su entrada semanal en el blog de Expansión y Empleo acerca del compromiso, concepto en boca de muchos en estos tiempos que corren. Las cuestiones son las siguientes:&#160; ¿Qué entendemos por compromiso? ¿Cómo se mide? ¿Qué se puede hacer para cultivarlo? ¿Cómo aunar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="dropcaps">N</span>os lanza el <a href="http://antonioespana.es/category/Santiago%20%C3%81lvarez%20de%20Mon">profesor Álvarez de Mon</a> una batería de preguntas en su <a href="http://eyewas5.recoletos.es/blogs/web/agora.html?opcion=1&amp;codPost=32573">entrada semanal en el blog de Expansión y Empleo</a> acerca del <strong>compromiso</strong>, concepto en boca de muchos en estos tiempos que corren. Las cuestiones son las siguientes:&nbsp;</p>
<blockquote><p>¿Qué entendemos por compromiso? ¿Cómo se mide? ¿Qué se puede hacer para cultivarlo? ¿Cómo aunar libertad y lealtad? ¿Cuáles son los factores que permiten darle una oportunidad? Más importante, ¿qué elementos lo agreden y lesionan irreversiblemente? ¿Qué piensa al respecto, querido lector? ¿Está usted comprometido? Sí, ¿por qué? No, ¿por qué?</p>
</blockquote>
<p>No me resisto a la tentación de tratar de dar alguna respuesta al menos a la primera pregunta, que me parece más que relevante, pues me parece que <strong>compromiso</strong> es una más de esas palabras que de tanto usarlas -y <em>abusarlas</em> si&nbsp;me permitís la expresión- ha visto malogrado su significado. Porque peor aún que vaciarse de contenido, incluso ha adquirido nuevos significados que en cierto modo son&nbsp;contrapuestos. No hay&nbsp;más que echar mano del DRAE&nbsp;para darnos cuenta que tanto el&nbsp;<a href="http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&amp;LEMA=compromiso">sustantivo</a> como el <a href="http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&amp;LEMA=comprometer">verbo</a> contienen significados tanto positivos como negativos -¿a quién le gusta que le <em>comprometan</em>? ¿y hacer o recibir visitas de <em>compromiso</em>?-. Hay incluso <a href="http://www.elalmanaque.com/Mayo01/25-5-01.htm">quien habla de <strong>esclavitud</strong> (sic) al buscar los orígenes del término</a>, lo cual me parece exagerado. Y <a href="http://webarticulista.net.free.fr/amr200524070924.html">otros lo relacionan con uno de los significados de <strong>involucración</strong></a>. En la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Compromiso">Wikipedia</a>, términos jurídicos aparte, aparece relacionado con la <strong>responsabilidad</strong>. Estas dos últimas visiones me resultan mucho más atrayentes.</p>
<p>Definir lo que entendemos por <strong>compromiso</strong> es crucial para responder el resto de preguntas. Para mí, en el contexto en el que estamos debatiendo, tiene dos significados complementarios -sin ánimo de enmendarle la plana a los expertos académicos, <em>of course.</em></p>
<ol>
<li>Compromiso = promesa mutua
<li>Sentirse comprometido = sentirse parte de algo, sentirse <em>involucrado</em></li>
</ol>
<p>Ahora bien, hay dos aspectos&nbsp;donde creo que se producen las confusiones, ambigüedades y los malos usos:</p>
<ol>
<li>El término en sí mismo es <strong>incompleto</strong>.
<li>Sólo somos capaces de comprometernos las <strong>personas</strong>.</li>
</ol>
<p>Empecemos por el primero.&nbsp;Ya sabemos que es muy frecuente que&nbsp;algunos, sobre todo a cierto lado del espectro político, se llenen la boca autodenominándose  <strong>comprometidos</strong> (y no sólo políticos sino periodistas, escritores, artistas e incluso cadenas de TV).&nbsp;Pero claro, a mí lo&nbsp;primero que se me ocurre es&nbsp;la pregunta: comprometidos, <strong>¿con qué?&nbsp;</strong>Y suelo descubrir que el <em>qué</em>, en el fondo son múltiples cosas, todas muy alejadas de las personas, su dignidad y su libertad. </p>
<p>En el mundo de la empresa ocurre, a mi juicio, tres cuartos de lo mismo. Cuando oigo <strong>&#8220;Fulanito no está comprometido&#8221;</strong>, vuelve a martillearme la cabeza la pregunta: comprometido, <strong>¿con qué?</strong> Y suelo descubrir que ese <em>qué</em> es distinto en cada lado de la ecuación. Que, en definitiva, unos y otros piensan que el objeto de la promesa es diferente.</p>
<p>Puede que vuelva sobre el asunto más adelante en otra entrada cuando conteste a las últimas preguntas -¿estoy yo comprometido?. Por ahora,&nbsp;me conformo&nbsp;con reflejar aquí&nbsp;mi convencimiento de que <strong>el compromiso no es una actitud ni un estado de ánimo</strong>. Para mí <strong>el compromiso es una acción -puede que también&nbsp;una omisión- concreta y definida -y que incluye la dimensión temporal- que hemos acordado realizar. </strong></p>
<p>Es decir sobre la que nos hacemos <strong>responsables</strong>.&nbsp;Porque dicho acuerdo o promesa es <strong>siempre con uno mismo -y su conciencia-</strong>. </p>
<p>Y&nbsp;además lo es<strong>&nbsp;respecto a otra persona -concreta y definida,&nbsp;</strong>es decir,&nbsp;además es<strong> recíproco</strong>. Esto me introduce al segundo aspecto del <strong>compromiso</strong>, el del hecho de que sólo se da -puede dar-&nbsp;entre <strong>personas</strong>.</p>
<p>Ya <a href="http://antonioespana.es/2006/11/homo-sum-humani-nihil-me-alienum-puto.html">he hablado antes</a> del fenómeno de la abstracción excesiva, sobre todo cuando hablamos del trabajo y la empresa. En lo que se refiere al <strong>compromiso</strong>, el hecho toma especial fuerza, pues ¿cuántas veces hemos oído/leído que &#8220;<strong>la empresa</strong> no se compromete con sus trabajadores&#8221;?</p>
<p>Pero, ¿qué es la empresa? La empresa somos las personas que trabajamos en ellas, y sin las personas, la empresa no es más que un apunte en el registro mercantil, unas&nbsp;escrituras perdidas en alguna obscura notaría. La empresa somos las personas, digo, y <strong>somos las personas las que nos comprometemos</strong>. Por tanto, entiendo que al hablar del compromiso de la empresa, quremos decir que somos los directivos (sean generales, de recursos humanos -con perdón- o de departamento- y lo jefes los que, como individuos -libres y responsables- adquirimos un compromiso con nuestros trabajadores. Y con nosotros mismos y nuestra conciencia.</p>
<p>Visto así, el <strong>compromiso</strong> queda mucho más acotado, concretado en una <strong>acción</strong> determinada, que ha de cumplirse en un <strong>tiempo</strong> dado&nbsp;y que han de cumplir unas <strong>personas</strong> que están claramente identificadas.</p>
<p>El problema está en que rara vez solemos concretar tanto, y tendemos a <strong>sobreentender</strong> la mayor parte de las veces. Y son los <strong>sobreentendidos</strong> los que nos causan problemas, porque cada uno <strong>sobreentiende lo que le parece, que suele ser lo que más le conviene</strong>.</p>
<p>Así, el directivo o empresario que <strong>sobreentiende</strong> que la promesa es de permanencia <em>ad eternum, </em>aun incluso en la mejores situaciones de subidas salariales, reconocimiento y desarrollo no se explica las <em>fugas de talento.</em> No quiero&nbsp;decir ya nada cuando las condiciones que&nbsp;crean para su equipo&nbsp;no son las mejores y algunos tampoco comprenden que se les vayan -¿no será que los expulsan ellos?.</p>
<p>Y, de la misma manera, el trabajador -<em>mileurista</em> o <em>bienpagao</em>, soldado raso o directivo con galones, que <strong>sobreentiende</strong> que la promesa es de seguridad y estabilidad <em>ad eternum</em>, aun incluso en las situaciones más justificadas de pérdidas y viabilidad cuestionada no se explica que se tenga que recurrir a un ERE para tratar de salvar el mayor número de empleos posibles. Igualmente, no hace falta decir nada de cuando el personaje piensa que se le debe seguridad eterna aún cuando no de ni chapa, que también los hay.</p>
<p>No quiero alargarme más, porque si la probabilidad de que alguien llegue hasta aquí es baja, la de seguir leyendo es aun inferior y como tengo más cosas que contar sobre el tema, prefiero dejarlo para otras entradas.</p>
<p>Me conformo con que haya quedado medio clara mi visión del <strong>compromiso</strong> cuando hablamos de él en la empresa.</p>
<ul>Si te ha gustado, a lo mejor te puede interesar:
<li><a href="http://antonioespana.es/2007/06/ex-cathedra.html" rel="bookmark" title="23/6/2007">Ex cathedra</a> &#8211; . <em>Etiquetas: empresa, error, humildad, liderazgo, management, Santiago Álvarez de Mon</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2007/07/homo-homini-lupus.html" rel="bookmark" title="24/7/2007">Homo homini lupus</a> &#8211; . <em>Etiquetas: cultura de empresa, empresa, management, motivación, opinión pública, trabajo</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2007/04/semper-fidelis.html" rel="bookmark" title="13/4/2007">Semper fidelis</a> &#8211; . <em>Etiquetas: empresa, management, retención, trabajo</em></li>
</ul>
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		<title>Ex cathedra</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Jun 2007 16:51:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Que el género humano -o la especie, no sé muy bien cuál es el término correcto- es falible es un hecho que a estas alturas de la película nadie en su sano juicio se atreve a&#160;discutir. Ni siquiera el Papa recurre ya a hablar ex cathedra. Y, sin embargo, ¿por qué nos cuesta tanto pasar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp3.blogger.com/_OEopFwlMxiQ/Rn1P7VMPIPI/AAAAAAAAAHU/aW3ZF-EcBIc/s1600-h/mistake.jpg"><img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp3.blogger.com/_OEopFwlMxiQ/Rn1P7VMPIPI/AAAAAAAAAHU/aW3ZF-EcBIc/s200/mistake.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5079303835463131378" /></a><span class="dropcaps">Q</span>ue el género humano -o la especie, no sé muy bien cuál es el término correcto- es falible es un hecho que a estas alturas de la película nadie en su sano juicio se atreve a&nbsp;discutir. Ni siquiera el Papa recurre ya a hablar <em>ex cathedra</em>. Y, sin embargo, ¿por qué nos cuesta tanto pasar de la generalización a lo particular? <strong>¿Por qué es tan extraño ver a alguien reconocer sus errores?</strong> </p>
<p>En el caso de los políticos, más que extraño es imposible, pero es que creo que hacia el mismo camino vamos en el mundo de la empresa.</p>
<p>Y ojo, no es que crea que sea todo culpa de la soberbia de los dirigentes, que se niegan a asumir sus equivocaciones en público. Tiendo a pensar que más bien es una cuestión sociológica, por la que todos podemos entender, incluso perdonar, que alguien que ocupa puestos de responsabilidad cometa un error, pero vemos como signo de debilidad el que los reconozca públicamente.</p>
<p>El error no es malo en sí mismo, si acaso, lo son sus consecuencias. Es más a él le debemos el progreso, gracias a que exploramos, nos equivocamos, retrocedemos y abrimos nuevos caminos, hacemos descubrimientos, creamos nuevos negocios e inventamos mejores instituciones. De equivocarse saben mucho mis amigos <a href="http://antonioespana.es/2007/04/respice-finem.html">emprendedores</a>, y también de cómo nuestra sociedad trata el supuesto fracaso.</p>
<p>Me siento tentado de escribir sobre por qué debemos perder el temor a la equivocación y por qué aquí residen las bases del avance científico y social. Incluso tenía preparada una analogía con la <strong>espeleología</strong>, actividad que estuve practicando hace un par de días. Pero me parece que sobre esto se ha escrito mucho ya&nbsp;y hay un cierto consenso. Me interesa más centrarme en la segunda derivada. Es decir, no tanto en el hecho del <strong>error</strong>, sino en su <strong>reconocimiento</strong>.</p>
<p>Y es que todos tenemos derechos a equivocarnos, sí. Pero que lo tengamos a <strong>reconocerlo</strong> parece que <strong>no está tan claro</strong>. Puede que individualmente, pensemos de forma diferente. Yo desde luego pienso como el <a href="http://eyewas5.recoletos.es/blogs/web/agora.html?opcion=1&amp;codPost=23476">profesor Santiago Álvarez de Mon</a>&nbsp;que la <strong>humildad</strong> nos honra como personas y profesionales.&nbsp;Pero he vivido situaciones y he visto individuos en ellas que&nbsp;se comportaban de manera diferente, que honestamente ven un síntoma de debilidad en el hecho de admitir que te has equivocado. Tanto en niveles directivos como&nbsp;no directivos, te cuelgan rápidamente la etiqueta de pusilánime en cuanto declaras que cometiste un error. Te miran como a un pardillo cuando lo haces.</p>
<p>Por un lado creo que esto es muy propio de culturas mecanicistas&nbsp;donde prima el <a href="http://antonioespana.es/2007/05/altius-citius-fortius.html">criterio de la eficacia</a>&nbsp;y donde predominan los <a href="http://antonioespana.es/2007/05/do-ut-des.html">motivos extrínsecos</a>. Dado que con nuestras acciones buscamos el reconocimiento de los demás, ya se ve que la opción que comentamos no será muy popular.</p>
<p>Pero&nbsp;por otro lado,&nbsp;puede que de trate también de un&nbsp;temor a que el &#8220;líder&#8221; al que seguimos se equivoque. A que la persona en la que hemos depositado nuestra confianza y que seguimos ciegamente nos dirija hacia el abismo por error.&nbsp;Y caigamos todos detrás de él por el precipio. </p>
<p>No me resisto a usar la imagen de la espeleología. Lo sé, las metáforas deportivas están muy manidas, pero es que me ha dejado impresionado la experiencia de la <a href="http://es.geocities.com/agustin_kandil/descripcion_de_cavidades/cueva_de_las_majadillas.htm">Cueva de la Majadilla</a> y allí debajo nos pasó algo que me viene al pelo -y de hecho ha motivado en parte la entrada.</p>
<p>Éramos un grupo de cinco con un monitor, y estábamos siguiendo la ruta avanzada. Aquella por la que hay que pasar por gateras en las que apenas hay unos centímetros entre el techo del pasadizo y tu pecho, y luego encaramarte a las resbaladizas rocas cubiertas de barro para meterte por una abertura y entrar en la siguiente galería. Todo ello iluminado únicamente por las luces del casco y la carburera del monitor, que era el único que la llevaba del grupo. </p>
<p>Pues bien, en un momento determinado, varios metros bajo la superficie y unas decenas más allá de la entrada, el monitor se equivocó y todos pudimos ver cómo tras un par de intentos no daba con la salida. Imagináos el tipo de sensación que sentíamos todos cuando le escuchábamos imprecar desde la gatera cuando se estrechaba no dejándole avanzar más y saliendo con el mono rasgado. Claro, lo lógico era pensar: &#8220;si este que se supone es el guía se equivoca, vamos listos&#8230;&#8221;.</p>
<p> <a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_OEopFwlMxiQ/Rn1QC1MPIQI/AAAAAAAAAHc/HSCtLPQMa9U/s1600-h/cueva_de_las_majadillas.jpg"><img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OEopFwlMxiQ/Rn1QC1MPIQI/AAAAAAAAAHc/HSCtLPQMa9U/s320/cueva_de_las_majadillas.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5079303964312150274" /></a>
<p>Pero el hecho es que <strong>con toda la naturalidad</strong> del mundo, reconocía que no encontraba la salida, pero que no nos preocupáramos porque siempre se puede volver por donde habíamos venido y desandar el camino. No negaré que a pesar de todo en cada uno de nosotros cundía algo de <strong>inquietud</strong>. Sin embargo, conscientes de la situación, cada uno de nosotros también comenzó a aportar su <strong>granito de arena</strong>, no dejándole toda la tarea al instructor. Uno aseguró que habíamos pasado por aquella sala porque recordaba cómo había estado jugando con una piedra grande que había suelta. Yo mismo indicaba que si aquello era cierto, entonces habíamos entrado hacia la derecha y por lo tanto la salida iría en tal dirección. Otro, mientras regresaba el monitor, hizo una breve incursión por donde pensábamos que tendríamos que salir. Y así, sin mayor peligro y con una anécdota que contar, nos encaminamos a la salida.</p>
<p>Ahora, imaginemos que el instructor es de esos que piensan que antes muerto que reconocer que se ha equivocado. No nos hubiera dicho nada, aunque hubiéramos notado igualmente que algo no iba como debiera, y nos hubiera metido por sitios que no llevaban a ninguna parte. Y quién sabe, quizás hubiera cundido el nerviosismo y todo se habría complicado muchísimo más.</p>
<p>Si resulta que ese´&#8221;líder&#8221; eres tú, y eres de los que cree que la gente te debe seguir sólo por tus galones, o de manera acrítica, entonces está claro que podrás permitirte muchos errores, siempre y cuando no sean demasiado gordos como para que se hagan muy evidentes, y sobre todo, siempre y cuando no los reconozcas. Pero entonces te meterás en unos atolladeros de los cuales tendrás que salir tú solito.</p>
<p>Si resulta que eres ese <strong>líder sin comillas</strong>, con espíritu de servicio, humilde, capaz de reconocer tus errores, no sólo tu <em>auctorictas</em> no se verá mermada por tus equivocaciones, sino que cuando cometas un error y lo admitas, tendrás a tu gente <strong>dispuesta</strong> a poner sus neuronas a funcionar, a contribuir a la solución, a buscar el camino de salida. Y al final lo celebraréis juntos, siendo más equipo aún que antes del fallo del jefe.</p>
<p>¿Idealismo? A mí me pareció una experiencia muy real.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Nota:</em> En las cuevas&nbsp;éramos cinco grupos&nbsp;diferentes, todos acompañados por un instructor y&nbsp;con algunos expertos más, incluyendo&nbsp;personal sanitario,&nbsp;cuidando de la seguridad. En ningún momento nos jugamos la vida.
<p><em></em>&nbsp;</p>
<p><em>Nota 2:</em> Este <em>post</em> está escrito en clave de gestión de personas, pero releyéndolo me parece perfectamente aplicable a ciertas situaciones políticas.</p>
<ul>Si te ha gustado, a lo mejor te puede interesar:
<li><a href="http://antonioespana.es/2008/02/et-elevans-eos-qui-sibi-cohaerere-voleban.html" rel="bookmark" title="6/2/2008">Et elevans eos qui sibi cohaerere voleban</a> &#8211; . <em>Etiquetas: coherencia, empresa, liderazgo, management</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2007/07/beatius-est-magis-dare-quam-accipere.html" rel="bookmark" title="16/7/2007">Beatius est magis dare quam accipere</a> &#8211; . <em>Etiquetas: cultura de empresa, empresa, generosidad, liderazgo, management, motivos extrínsecos; intrínsecos y trascendentes, status</em></li>
<li><a href="http://antonioespana.es/2007/09/promissio-parit-debitum.html" rel="bookmark" title="22/9/2007">Promissio parit debitum</a> &#8211; . <em>Etiquetas: compromiso, empresa, Santiago Álvarez de Mon, trabajo</em></li>
</ul>
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		<title>Post naufragium maria temptantur</title>
		<link>http://antonioespana.es/2007/04/post-naufragium-maria-temptantur.html</link>
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		<pubDate>Mon, 30 Apr 2007 22:10:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Antonio España</dc:creator>
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		<category><![CDATA[José Ortega y Gasset]]></category>
		<category><![CDATA[libros]]></category>
		<category><![CDATA[personal]]></category>
		<category><![CDATA[Santiago Álvarez de Mon]]></category>

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		<description><![CDATA[La semana pasada he estado en Barcelona estrenando el nuevo campus del IESE en un curso rodeado de Directores de Sistemas y he aprovechado para comprarme en la librería Garbí (*), en el antiguo edificio, el último libro de Santiago Álvarez de Mon, No soy Superman. Y aunque sea un tópico, he de decir que el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://bp1.blogger.com/_OEopFwlMxiQ/RjZpkH2VY0I/AAAAAAAAAEk/3JmgfpwhePM/s1600-h/superman.gif" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5059347300700480322" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OEopFwlMxiQ/RjZpkH2VY0I/AAAAAAAAAEk/3JmgfpwhePM/s200/superman.gif" border="0" alt="" /></a></p>
<p><span class="dropcaps">L</span>a semana pasada he estado en Barcelona estrenando el nuevo campus del <a href="http://www.iese.edu/es/Home.asp">IESE</a> en un <a href="http://www.iese.edu/Aplicaciones/ExecutiveEducation/Enfocados/program.asp?id=6&amp;p=30&amp;lang=es">curso rodeado de Directores de Sistemas</a> y he aprovechado para comprarme en la librería Garbí (*), en el antiguo edificio, <a href="http://www.casadellibro.com/fichas/fichabiblio/0,1094,2900001172997,00.html?codigo=2900001172997&amp;titulo=NO+SOY+SUPERMAN.+LUCES+Y+SOMBRAS+DE+UNA+CONVERSACION+INTERIOR">el último libro de Santiago Álvarez de Mon, No soy Superman</a>. Y aunque sea un tópico, he de decir que el libro me ha enganchado desde la primera página -aunque eso no quiere decir que otra persona no se aburra de él ya en el tercer párrafo. Para mí, tiene ciertas remembranzas a <a href="http://www.casadellibro.com/fichas/fichabiblio/0,1094,2900000771802,00.html?codigo=2900000771802&amp;titulo=LA+SENSACION+DE+FLUIDEZ">La Sensación de Fluídez de Juan Carlos Cubeiro</a>, tanto por el tema como por el formato(conversación entre <em>coach</em> y <em>coachee</em>), sin embargo, mantiene la originalidad, es menos dogmático y me ha resultado de lectura más fluida y más al meollo de la cuestión.</p>
<p>Lo interesante del texto y lo que me ha impulsado a escribir esta entrada es que el protagonista, directivo de relativo éxito, va desgranando sus miedos e inseguridades, tanto en un diálogo con un <em>coach</em> que le ha puesto la empresa, como en una serie de conversaciones interiores tal y como reza el subtítulo de la obra. Pero no es un libro más sobre liderazgo con un lenguaje grandilocuente y engolado, o al menos a mí no me lo parece. Y tampoco nos lía con robos de quesos, búsquedas de tréboles de cuatro hojas o famosos puestos de pescadería.</p>
<p>Antes bien, me imagino que es porque el profesor Álvarez de Mon es muy hábil en su oficio de escritor, o bien por pura casualidad, hay muchos momentos en los que parecía que el libro estaba escrito para mí (salvando las distancias en cuanto a edad del protagonista, posición en su empresa y algunos detalles más como la habilidad en los deportes). No sé si todos sus lectores tendrán la misma sensación.</p>
<p>El descreimiento frente a la política de despachos y pasillos, la crítica a las reuniones interminables y futiles, la queja sobre los comités que surjen como setas -el otro día alguien me definía un camello como un caballo diseñado por un comité- o el desdén hacia la adulación acrítica al jefe y el despellejamiento en privado, son sentimientos expresados por el protagonista -cuyo nombre, por cierto no se menciona en todo el texto-, por no decir de otros elementos fuera de la esfera del trabajo como la preocupación por la educación de los hijos, la dedicación a la familia o la deriva a las que los políticos han dejado ir a nuestro país, enredados en disputas que poco o nada nos interesan a los ciudadanos de a pie.</p>
<p>En los temas relacionados con el trabajo, en los que el protagonista se siente al principio por encima del bien y del mal, éste se da de bruces de repente con la realidad de que <strong>él mismo cae en los mismos hábitos</strong>.  Igualito, igualito que un servidor. ¿Cuántas veces nos quejamos de la saturación de reuniones y luego somos los primeros en convocarlas como si fueran la solución a todos los males? ¿Tienes un problema? Yo te &#8220;monto&#8221; una reunión ¿Cuántas y cuántas veces nos lamentamos de los <em>emails</em> que recibimos al cabo del día y luego somos incapaces de levantar el teléfono para resolver una cuestión o aclarar un malentendido? ¿Cuánto tiempo le hacemos perder a nuestra gente con encargos para ayer que luego pierden, como por birli-birloque, la urgencia y quedan olvidados en el buzón del Outlook? ¿Y qué ejemplo estamos dando cuando nos dedicamos a despotricar de nuestro vecino de despacho, el que se sienta justo al lado en el Comité de Dirección? Y luego tenemos el &#8220;papo&#8221; de pontificar sobre la importancia del trabajo en equipo&#8230;</p>
<p>Pero esto no es lo más importante ni el mensaje central del libro. Para mí lo más relevante es la búsqueda de uno mismo, el conocimiento de nuestras limitaciones, el equlibrio entre la razón y la intuición y el descubrimiento del propio propósito.</p>
<p>En este sentido, hay continuas referencias a diversos autores que tanto el protagonista como su <em>coach</em> van citando a lo largo de las páginas. C.S. Lewis, Ortega y Gasset, Unamuno, Prather o Van Gogh (en su autobiografía) son de los más citados. Aunque también aparecen un Kafka autobográfico, el Bertrand Rusell de <a href="http://maldicion-sisifo.blogspot.com/2007/03/139.html">Telémaco</a> o un para mí desconocido hasta ahora Thibon (¡Larga lista de deberes que me acaban de poner sin quererlo!) Pero entre todas, me quedo con la siguiente cita de Ortega sacada de La rebelión de las masas(el subrayado es mío):</p>
<blockquote><p>Como esto es la pura verdad &#8211; a saber, que <strong>vivir es sentirse perdido</strong>-, el que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad, ya está en lo firme. Instintivamente, lo mismo que el náufrago, buscará algo a que agarrarse, y esa mirada trágica, perentoria, absolutamente veraz, porque se trata de salvarse, le hará ordenar el caos de su vida. Éstas son las únicas ideas verdaderas: <strong>las ideas de los Náufragos</strong>. El que no se siente de verdad perdido se pierde inexorablemente;es decir, no se encuentra jamás, no topa nunca con la propia realidad.</p></blockquote>
<p><a href="http://bp1.blogger.com/_OEopFwlMxiQ/RjZpvH2VY1I/AAAAAAAAAEs/XOd21a9sv30/s1600-h/naufragium.gif" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5059347489679041362" style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_OEopFwlMxiQ/RjZpvH2VY1I/AAAAAAAAAEs/XOd21a9sv30/s200/naufragium.gif" border="0" alt="" /></a></p>
<p>Impresionante, ¿no os parece? Y a la vez esperanzador. O sea, que si me siento perdido y soy consciente de ello, es que voy por el buen camino. De repente un <em>click</em> se produce en mi cerebro. Pues va a ser que <a href="http://www.marcapropia.net/">Andrés</a> tiene razón cuando habla del <a href="http://www.marcapropia.net/2007/04/logos-y-monlogos-2-miedo.html">miedo</a>. Retorciendo un poco el argumento resulta que a poco que uno escarbe, el agujero se hace más grande -¡qué obviedad!. Vamos, que en la ignorancia uno es ¿feliz? pero según reflexiona y ahonda en el interior, la oscuridad es mayor, y por lo tanto también el temor que nos invade. Y por eso la reacción natural es que nos quedamos a la puerta antes que adentrarnos en la oscuridad, ¿no es así?</p>
<p>Ahora sí que te entiendo, Andrés. A fin de cuentas, ante el miedo hay tres reacciones posibles: encararlo (lo que supone reconocerlo y aceptarlo), paralizarse o salir huyendo en busca de refugio.</p>
<p>La verdadera libertad -y la responsabilidad- reside en la capacidad para escoger entre la tres, con independencias de lo que nos dicta el instinto. Yo elijo la primera, ¿y vosotros?</p>
<p align="right"><em>Dedicado a todos los Náufragos</em></p>
<p><a name="Nota1">(*)</a> Sí, ya sé que lo podía haber comprado en el Divers del Aeropuerto o en cualquier librería, pero la experiencia de compra no hubiera sido igual, aunque el libro tenga las mismas letras y en el mismo orden.</p>
<p><em>Nota</em>: El autor de la ilustración infantil de Superman es <a href="http://www.wayne-harris.com/">Wayne Harris</a>.
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